sábado, 12 de junio de 2010

LOS CINES DE MI VIDA. El cine Rivero yotros…


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Foto César
Los cines siempre han conformado una parte importante de mi vida, y digo muy importante porque en ellos pasé muchas horas.

Mir primera impresión cinematográfica está relacionada con el Cine de Los Campos Elíseos de Gijón ,  (situado en el cruce hoy en el arranque  de la calle Uria, calle Ramón y Cajal y Avenida de la Costa, donde hoy está el edificio  de Banco Banesto 

Dicho cine fue inaugurado en  1876, bajando su telón en los comienzos de la década de los 60, o sea que si nací en Enero del 55, debí  ir con  mi señora madre… (no recuerdo a nadie más y si lo recuerdo digamos que era una nebulosa) siendo  muy pequeño.

El día de la sesión que creo que habíamos ido, fue aprovechada para llevarle la comida a mi padre como encargado de obras del Hotel Miami, hoy Príncipe de Asturias, y tras ello nos fuimos un buen rato a la playa  donde me recuerdo jugando con aquellas paletas de madera y los cubos de plástico,  luego nos fuimos al cine, o al menos yo lo recuerdo en esa secuencia, pero ya se sabe que la memoria hace extraños juegos …
La entrada al cine se hacía a través de un amplio patio cercado por unas enorme rejas torneadas, luego en el interior que recuerdo como inmenso, con varios entresuelos  y balconadas,  lo que más me llamó la atención era un  un telón impresionante de grande, lleno yo creo que anuncios de colorines…. En cuanto a  la película que creo que debía ser de Jorge Negrete o similar  dado que había temas de rancheras, y en aquella época eran comunes las películas de este actor
A ese cine como chaval de aldea fui poco, era costoso y largo el trayecto por lo cual había que ir siempre acompañado.
La aldea no tenía cine, y lo que más cerca que  nos quedaba era el famoso Cine Rivero de La Calzada  un gran edificio de ladrillo rojo a “cara vista” con dos plantas  (luego la distribución era  Butaca y Entresuelo y Gallinero) con una capacidad para  700 personas)  se inauguró dicen los cronicones  en 1931 y se cerró en 1979, Estaba situado casi frente por frente a la entrada del Ateneo de la Calzada.

A este cine íbamos en varias tandas,  unas veces  con mis padres que me llevaban a alguna sesión de la noche cuando éramos pequeños y no tenía casi que parentela que aguantar, solo yo,  o como mucho mi Hermana Marigel, y recuerdo los cabreos de los adultos cuando en medio de la película salía aquello de “tengo ganas de mear”

Luego un poco ya más mayores,  el ritual  era irse los Hermanos y amigos a la sesión dominical de las 3 de la tarde, eran películas de espadachines, vaqueradas,  o de  piratas, que eran las que nos entusiasmaban,  y a las que luego sacábamos provecho jugando a indios y vaqueros o piratas o  a romanos durante días. Mi casa era la proveeduría oficial de los elementos para construir el armamento necesario y así revivíamos todo un mundo de ficción. O sea que desechábamos las películas de amor.

La forma de enterarnos de las películas eran por los pasquines que nos llegaba de forma diversa y descontrolada, pero siempre teníamos un correvedile que nos ponía al tanto de las películas.

A la sesión de la tarde  5 o 6 de la tarde,  ya era para mayorones, aunque vez en cuando íbamos, pero ya cuando cumplíamos la edad, luego había otras películas distintas  a eso de las 10 de la noche .

Pero ir al cine era un calvario, había que portarse bien, y que los padres tuvieran ganas de aflojar el dinero para ir al cine y comprar alguna chuchería, no recuerdo lo que valían las entradas, aunque tengo vagos recuerdos de manejar una moneda de aquellas de 2,50 céntimos. Aún así todo puedo decir que vi muchas pero muchas películas.. Griterios de niños, berreando, acomodadores con las linternas, las expulsiones de la sala, el arrojar desde el entresuelo cosas a butacas.

Alguna vez que otra me dejaba caer por el cine del Natahoyo, donde mi tío Agustín trabajaba haciendo jornadas extras como portero, no es que le buscase para entrar pues no había mucho trato , y dado lo introvertido que era pues eso , pagaba religiosamente y para adentro, no lo recuerdo muy bien en su interior ya que fui muy pocas veces y quedaba un rato largo de caminata, por el Camino del Plano, hasta la zona de fabrica Loza y luego bajar hasta el Natahoyo.

Alguna vez cayeron los cines  del centro (Gijón) ya metido en la adolescencia, El FAC en Pedro Duro, el Avenida en Álvarez Garaya , el Roma en la calle Los Moros, EL Goya (1927-1981) al final del Paseo de Begoña ya en los último tiempos dedicado a cine X  donde vi alguna película erótica y sentía y veía  el ir y el venir de los “julandras”,  de las parejas  y los ligues ocasionales, y más esporádicamente visitaba otros cines como  El María Cristina (Calle Corrida) donde vi una película extraña en un secuestro de una señora a la que metían en una especie de corripa llena de babosas  (1943-1983) , El Arango (calle La Merced) (1951-1999) o el Robledo también en la calle Corrida,(1917-1991 había otro que estaba en la calle de San Bernardo:  El ALbeniz, luego estaba el Hernán Cortes, suntuoso y lujoso cerró en 1985. y como no EL Jovellanos  en pleno paseo de Begoña.

En todos ellos vi todo tipo de películas, ah y se me olvidaba aquel antológico cine  de Cimadevilla dedicado al “arte y Ensayo” Brisamar, donde vi una buen tanda de películas francesas  y las peleas en casi todos ellos por el tema de la edad, la prohibición de no ver películas para mayores

Por el cine he hecho locuras, recuerdo que trabajando en la construcción de la factoría  Uninsa con  la empresa Goyarrola Diaz Galvez, me apunté para hacer bachillerato nocturno en el Filial nº 1 de la Calzada , y creo que estuve dos años en los cuales me dedique más al cine que a los estudios, era salir del curro e irme a una clase e irme  directamente para el cine… pasé muchas horas en aquellas sesiones continuas, concluyendo a eso de las 11 de la noche o sabe dios qué hora, y luego andando para casa o bien  por la caleyina de la muerte, o por la carretera del Plano, todo un rodeo…dependía del miedo y del estado de animo y las ganas de caminar.

Todo un trasiego para vivir una realidad que no era la nuestra.

Chusi, el Moliñeru, fiu de Jesus el Chan y Lola

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