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viernes, 26 de diciembre de 2014

LA SAGA DE LOS MOLIÑEROS EN TREMAÑES

En Homenaje a mi tío ARTURO GARCIA GONZALEZ, muerto en Moreno. Buenos Aires en diciembre del 2014



En una estancia en El Hospital de Jove, cuando quería raptar un barco para irse Buenos Aires

La saga de L OS MOLIÑEROS se radica fundamentalmente en la aldea de TREMAÑES y parece que tal mote o alias viene en un principio de mi bisabuela ADELA ALVAREZ ENTRIALGO, que regentaba un Molino cercano en el río Pilón en las cercanías de la Fábrica de Loza (Natahoyo) y considerada parte de la parroquia de Tremañes.

Y toda esta exposición viene de la mano de la reciente muerte de mi tío ARTURO acaecida en Moreno (Buenos Aires) donde hay una buena parte de la familia paterna allá enterrada: mi abuelo Jesús Garcia Diaz, y buena parte de sus hijos: José; Arturo, y Victor, y que inevitablemente esto me lleva a los orígenes de todo este clan que está muy ligado a Tremañes,

Línea sucesoria de Los Moliñeros en Tremañes que llegan a 5 generaciones residiendo en TREMAÑES que se remonta a 1800
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Esta fue una de las ultimas visitas de mi tío ARTURO y su Hija Cristina Mabel:
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Arturo y su hija Cristina                                                Dos Moliñeros y dos generaciones mi hermano Javi y Arturo
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Una saga de Moliñeros
Victor Guerra (Chusi, fiu de Lola y Jesús el Chan-El Moli)





lunes, 27 de octubre de 2014

El Diccionario del Natahoyo de Luismi Píñera, y rememoraciones


Ha salido estos días al mundo mundial la edición del libro, ahora que le personal no pasa de los 150 caracteres de Tiws”,  un libro sobre el barrio o parroquia… “dios sabrá qué”   titulado DICCIONARIO DE EL NATAHOYO. Y ustedes se preguntarán que carajo pinta el tema del Natahoyo con Tremañes, y la verdad es que pinta bastante dependiendo de la relatividad espacial, y me explico.

Libro Luismi

Supongo que para los de la parte alta de la aldea de Tremañes hablarles del Natahoyo , no deja de ser una paradoja, porque no deja de ser una realidad  que desde Lloreda no había autobuses al Natahoyo, y por tanto la vía de conexión era  Lloreda-Gijón, así sin pasar por el Natahoyo que pocas cosas había, de hecho cuando ya los autobuses fueron una plaga en nuestras carreteras de antaño, algunos guajes/as iban con su cesta y todo..  a los colegios de Gijón, preferentemente de monjas,  y el Natahoyo y el Cortijo era un lugar más en la geografía gijonesa…

Pero en cambio los que vivimos, o vivíamos en la parte media del parroquia de Tremañes, sí que tuvimos bastante que ver con otras parroquias o barrios como  La Calzada, que por cierto nos robó el apeadero de RENFE que era Estación de TREMAÑES, y perdió su autoridad para convertirse en Apeadero de La Calzada, Cosas del caciquismo me supongo.
Estos moradores de la parte media de la parroquia de Tremañes,  de Los Campones para abajo sí que teníamos serios y fraternales  lazos con el Natahoyo lugar al que yo siempre  he sentido como un territorio anexionado a Tremañes y conformando de ese modo cierta pertenecia al marquesado de Tremañes,  y es que en el nuevo libro que ha publicado  Luis Miguel Piñera: Diccionario de  El Natahoyo, pues digamos que Tremañes pierde de nuevo uno de los trozos que según mis mayores casi siempre fue parte de la parroquia, sin que  por otra parte apenas quede constancia de ello.


Es más, hay naturales de Tremañes que fueron  files moradores del Natahoyo, y viceversa, y sus recuerdos están ligados a ambos terruños en muchas facetas, la playera por ejemplo con la playa del Monte Coroña (Mar de Basa), o la fabril, o la académica…

La verdad es que leyendo el libro de Luismi,dibuja un libro muy distinto a otros que ha hecho, y en esa semblanza que ha hecho, e incluso el propio formato responde a eso a un territorio invertebrado, a un espacio sin fronteras y carcomido por identidades geográficas más potentes como La Calzada, o El Cortijo, por más que los Sabando los Cañada jugaran en la Plazona, Para mi, EL Natahoyo es la conformación de  varios barrios,d e varias identidades, de ahí que sus lindes territoriales se confundan o se diluyan, pues tan pronto Luismi  deja afuera Santolaya, como la integra en trama urbana y rural que conformó El Cortijo, y  el núcleo duro del barrio hay que  entender que lo conformó la ciudadela del Natahoyo y todo el núcleo de casas que daba a los Astilleros Juliana, , pero es dificil establecer fronetras  porque estan eran muy raras y extrañas.

Uno de los nucleantes de conformación identitaria por más que se diga fue la Fabrica de Loza, en la cual trabajaban no pocos naturales de Tremañes, como el Parrichu habitante de la calle los Pinos,  así como otros muchos trabajadores..  por cierto esta fábrica nos abastecía a los chavales de tizas para nuestros juegos, ya que los moldes de escayola que se tiraban en  la parte de atrás dando  vista la vías de Renfe y al río Pilón, pues eran punto de confluencia de las pandillas no tan urbanitas como las del Natahoyo, y donde nos proveíamos de herramientas para nuestros grafitis y poder dibujar las carreas de chapas, o las cuadriculas del Cascayu.

Mi relación con el Natahoyo ha sido cono con la Calzada, intensa, primero porque compartíamos territorio de juegos y miedos con aquel paso a nivel de Renfe del Camino de la Fabrica de Loza,  lúgubre y siempre lleno de basuras y leyendas varias, que es por donde hoy quedar el puente de Moreda.

Ese era un camino que tuve que patear durante unos buenos años, desde La Fuente (calle Los Pinos) hasta el Grupo Francisco Franco (Grupo Santolaya), pues en esa grupo de viviendas ya estamos en que yo salía de la aldea para ir a la trama urbana donde estaba la temible Academia de D. Paco, establecimiento educativo de rompe y rasga de orejas,  y sibilinos varazos de avellano que a uno la caían a la mínima al mínimo manchón.

Eran tiempos (1965) en que las cuentas en la libreta de cuentas que no de “mates” las hacíamos con palillero y plumín mojando en  tinta de relleno, que por cierto no he visto reflejado en el libro del Natahoyo de Luismi, tan famosa institución , donde nos formamos no pocos guajes entre señoritingas como Doña Queti, y amantísimas madres-maestras como Doña Eloisa y sus pirabanes hijos.

Cuantos noches no  tuve que hacer ese recorrido por el camino de la Fábrica Loza hacia el lúgubre paso a nivel de Moreda, y cuya luz de salvación me venía cuando llegaba a la altura de la finca la Quinta Marina, y sus hadas madrinas, y todo por mor de los castigos impenitentes que nos metía el tal D. Paco que podía tenernos sin comer o hasta las 10 de la noche recitando lo que fuera menester.

Del Natahoyo se recuerdan por los lares tremañenses  como no podía ser menos las comidas del Bar Alvarín (El Cortijo)  donde paraban mis padres durante unas buenas épocas,  y donde alguna vez degusté carne de burrín, que debía de ser de los pocos sitios en la zona donde se servía tan exquisito manjar junto con caracoles, que también los ofreció el tal Alvarín, y algún que otro gatos también sirvió de manjar a alguna tertulia que por allí paraba.

La filiación de Tremañes con el Natahoyo-Santa Olaya, también vino por los talleres de bicis que había en la zona tanto en la Cuesta de Santa Olaya, como en la calle que lindaba con el  Grupo Francisco Franco, y donde tenía su taller el Sr. Mariano (Calle Zaragoza) aunque  ahora no recuero como se llamaba el taller a la “manera de ciclos Pin” que había en la Cuesta de Santa OLaya.
Se olvida Luismi Piñera Entrialgo  de algo importante y es la relación intensa y duradera  del Natahoyo  con las motos, primero como Avello  y la licencia que obtuvo de la MV Augusta,  de cuya producción mi padre Jesús el Chan , o el “Moliñeru”  tuvo después de una marravillosa Guzzi.

Después de Avello  vino la Puch y la Suzuki, que tanto marcaron al barrio. Pero la relación era más bien con las bicis pues aparte del taller herrería de Tremañes, las otras unidades reparadoras de biciclos estaban por las cercanía, o sea  en el Natahoyo.

Mi relación con este territorio también viene  establecido por varios  motivos esenciales , uno porque  mi abuela paterna , vivía en la calle  llamada “calle de los Gochos” (Calle Lepanto), justo también al lado del Grupo Francisco Franco, y allí vivió durante años  Doña Armida  González Álvarez (La Moliñera) y cigarrera, y en esa calle de la Calle Lepanto vivió  con  toda su prole, bueno menos mi padre que vivió con el Tío Isidro en Tremañes, esa  relación  se hizo más fuerte no por mi abuela que fui a verla un par de veces mientras, sino por el cine  ya que durante muchos años, yo creo que hasta que cerró, simultaneaba su trabajo de listero en el Astillero de Constructora Gijonesa con el de portero y acomodador, y esa función la desempeño mi tío Agustín Guerra Cosío, que me viene por parte materna.

En el barrio en El Cortijo, fue cuna de los descendientes de otro de mis tíos  José Luis Guerra, cuya hija trajo al mundo en esta misma parroquia (El Natahoyo)  a José Lluis Bande, de amplio repertorio narrativo.

Y  para no cansar,  mi relación directa y que Luismi se ha comido,  es la que nos dío a la vertiente paterna el sobrenombre de “Moliñeros”  y que venía del Molino que había detrás de la fábrica de Loza, y que movía sus aspas con las aguas del río Pilón, el cual  regentaba mi familia paterna, de ahí su apodo LOS MOLIÑEROS.

Frente a ese molino estaba mi mi bisabuela  Doña Adela Álvarez Entrialgo, (fallecida en 1935 en Santolaya) fue cigarrera  en la Fabrica de Tabacos de Cimadevilla, y que según me han contado esta Adela  A. Entrialgo, de que debía ser de armas tomar, no sé porque razones o azares de la vida cantó con Miguel Fleta, si fue verdad o mentira no lo sé,  pero ese es el recuerdo que le queda a uno de sus nietos  aún vivo, el  último, estoy hablando de  Arturo García residente en  Moreno. Buenos Aires, y que para mí que heredó bastante del carácter y hacer mundano de su abuela Doña Adela Alvarez Entrialgo
.
EN todo caso darle gracias a Luismi Piñera por este libro que no me ha gustado tanto como los anteriores, aunque reconozco la labor de recopilación.

Victor Guerra (Chusi)  hijo de Lola y Jesús el” Chan” o el “Moli”

lunes, 16 de junio de 2014

Los miedos en los caminos de Tremañes en aquellos viejos tiempos


Exponía no hace mucho en este mismo blog un programa  que estaba desarrollando en el medio educativo de Tremañes para el fomento de la lectura: TREMAÑES. UNA ESCUELA DE MIEDO¡¡¡ 

“Los monstruos han sido el eje sobre el que ha pivotado todo el trabajo, porque "es una temática que a todos los niños les atrae". Así, el primer paso, una vez establecida una red de colaboración entre los centros, fue el de crear un monstruo-mascota para cada escuela. El de Tremañes se llama "Lion" y no sabe hablar; sólo se comunica a través de códigos QR. Una forma de estimular la creatividad, porque los niños tuvieron que pensar qué mascota querían y después convertirla en algo tangible, y también de acercarles al mundo digital.

Los bichos han estado viajando por todos los colegios, con su correspondiente pasaporte, maleta y diario de viaje, porque los niños han realizado un seguimiento de sus movimientos a través de Internet. Además, han leído libros sobre el tema, han elaborado un museo virtual de monstruos con técnicas de diseño digital y han creado cuentos con la misma temática con los otros centros”.

Y esto me dio pie para entrar en el tema que a mi me asolo toda mi niñez  como fueron  los miedos infantiles allá por los años 60 y 70, en los cuales nuestros padres mismos , familiares y demás vecinos poblaban nuestras tiernas mentes con los viejos referentes que les eran comunes como la bruja y los ogros primero y luego con  El Hombre del Saco, El Coco, o el Sacamantecas, que eran mentados a la mínima,  uno no quería comer o se ponía rebelde pues ya le estaban cascando el tema del hombre del saco.

Esas tres figuras estaban en la boca de mi padre, o de mi la tía de mi padre que vivía con nosotros  Doña Rosario Piñera Díaz, y todo esto que poblaba nuestra imaginación  tomaba un terrorífico aspecto, cuando a lo mejor un noche algunos de los mayores de la casa colgaba en el fondo del pasillo alguna especie de espantapájaros o mascarito, o se vestían del hombre del saco  y entonces sí que  la imagen tomaba cuerpo y hacía estragos en nuestra psique infatil.

Por tanto el miedo a las zonas oscuras, a las oquedades a las zonas solitarias, al cruzarse de noche con el desconocido...si que  ocupan una buena parte del imaginario clásico infantil, al cual se unirán todos estos otros “monstruos” que no eran precisamente de risa, digamos además que nuestros miedos y monstruos eran más bien camineros, estaban ligados a los caminos de transito de la aldea con el resto de los núcleos circundantes.

Pero el miedo en la aldea de Tremañes, me imagino que como en otras muchas colindantes con poblaciones más grandes e industriales, se podía constatar como miedos antiguos (proveniente del mundo medieval) más bien ligados a las brujas  y a las mitologías clásicas de Ogros, dragones y personajes de novela y mitología; luego estaría el otro miedo moderno, procedente del renacimiento y las eras pre-industriales con sus muertos vivientes, mundos de vampiros y chupasangres varios…. aslato y cuestiones truculentas

Uno, era el miedo controlado  y difundido en medio de la comunidad siempre controlado y con posibilidad de envolverlo en la mitología, y el otro era el sobrevenido por el oscuro mundo pre e industrial, con el arribazón de gentes de todos los lados y latitudes con todo un mundo incomprensible venido de lo urbano....

En nuestro caso, o al menos en el mío, los miedos estaban ligados  a los  caminos y  a nuestros tránsitos escolares, bien para ir a las escuelas de primaria o para ir al Instituto, o para llevar la comida a nuestros progenitores. 

 Esos monstruos que poblaban el imaginario infantil –caminero no eran en general  románticos ogros o personajes de novela, sino el resultado de una España amiseriada  y sin apenas cultura, cuyo quehacer cotidiano estaba poblado por los sucesos que cada semana exponía “El Caso” y las habladurías entre la gente de los barrios, que sin habían matado a uno u a otro , o había raptado a un crío. etc… o las reyertas entre gitanos en Villacajón, eran los tiempos de El Lute, o de aquella mortal serie de televisión  de Historias para no dormir  de Chico Ibañez Serrador

Siendo muy niño, recuerdo por las calles de Tremañes los mascaritos, que poco tenían que ver con los carnavales de hoy, que no deja de ser  un cierto travestimos indumentario, y poco parecido a las mascaradas de antaño, donde era difícil saber quien estaba detrás de todos aquellos harapos, y mascaras que te zurraban a la mínima pero  estos estaban domesticados como tales factorías del miedo, eran las viejas maquinarias del miedo comunal. lo peor era lo otro lo truculento, lo inmaginable, lo que te acontece en la soledad de la noche..

LA TRAMOYA FISICA E IMAGINARIA

A todo esta fanfarria de personajes se unía las leyendas sobre muertos, o medios muertos que medio me acechaban por las caleyas de la aldea.  No sé si se trataba de marcar el territorio de la “Marca” del cual no debías salir o eral el resultado de un territorio en transición, de una aldea engullida a cada paso por la urbe.

Estos miedos míos estaban ligados  a los caminos y a ciertos enclaves:

 Al Norte estaba la tenebrosa Caleyina  que daba acceso desde la Calle Ancha (La Dehesa) por el  apeadero de RENFE de Tremañes a  la Calzada. 

Era un tenebroso trayecto de nos más de 300 mts, pero con un trazado un tanto sinuoso, y enmarcado entre un peculiar  y altísimo muro de estratos de cenizas  y restos metalúrgicos que cercaba los talleres de Renfe, el otro lado del camino estaba cercado  por un denso  mato  de espinos. 

Sobre  este extraño transito peonil se escuchaba de todo, que si era el escenario de asaltos, que si alguna mujer la habían  violado, que si de aquí habían raptado algún rapaz.. etc. Se escuchaban mil y un perrerías sobre lo que acontecía en ese trayecto.

Además era el camino único, más bien el más directo, para ir a la Calzada, y en él me asaltaron varias veces los gitanos de Villacajón, con malos resultados para ambos, ellos por el escaso botín obtenido y a para mi por el susto que me habían metido en el cuerpo.

Era además este trazado desde los 8 años  el  paso cotidiano  para los que  íbamos al colegio a al Instituto que estaba al par de la Pellejería de La Calzada, y cuando estaba en el instituto con 10 años y  nos quedábamos después  a las clases particulares, justo al lado en la Academia Covadonga  pues lo normal era salir en invierno de noche  y claro pasar a esas horas por ese camino era todo un atrevimiento, de hecho a veces guardábamos el tren para si algún viajero se adentraba por la Caleyina adelante y seguirlo  e ir más confiados. Y eran tiempos en que nadie de casa te acompañaba, cada uno hacía su camino.

Alguna noche, y ya de mayorcete, no fue ni una ni dos que me quedé a la ultima sesión del Cine Rivero, y a las puertas de esa caleya, que demás tenía varios entrantes fuera del trazado rectilíneo  que además  cuando los talleres de Renfe ya no funcionaban tenía  todo un aspecto tétrico con aquella casa medio destartalada y su pozo de maniobras, como digo no fue ni una ni dos cuando regresé  a La Calzada a Cuatro Caminos para  subir por  lo que hoy es Avenida Príncipe de Asturias y dar la vuelta por El Plano hasta la Fuente. 
Lo que era el miedo o más bien el terror.¡¡¡

EL MUNDO DE LOS DESCUARTIZADOS

La salida hacia el Este de Tremañes tenía dos opciones  o bien buscar el trazo de la carretera  general de Tremañes  por el Plano para después virar hacia Cuatro Caminos, pasando por delante de la Bolera de Reculta:  o hacerlo por el camino más directo como era el camino que iba hacia el Paso a nivel de RENFE,  situado bajo el medio tunel de Renfe que permitia e forma transversal el  paso de la carretera y que hacia por debajo de  la Peña Reculta.
UN poco como está ahora para entrar a Tremñés desde la Avenida del Principie de Asturias 
Este acceso situado a las espaladas  de la fábrica de Moreda, y cuyo trazado arrancaba  desde la finca La Quinta Marina dando acceso al Cortijo, desfilando por detrás de las cosas de El Plano.
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Un poco más adelante estaba el Paso a nivel de Renfe con sus chirriantes  molinetes, y sus accesos a la carretera que iba por arriba.

 Durante años,  las casas de los guardeses del paso a nivel estuvieron habitadas, pero luego se fueron cerrando con el característico aspecto dantesco que presentaban durante la noche. 

Tras cruzar el “paso a nivel”  empezaban los murallones  hasta la vieja mansión  el llamado Asilo Enrique Cangas (este fue un jefe de Falange -primer triunviro- nacido en Villaviciosa y  fallecido en el frente de Oviedo);  al pie de esta “Quinta” amurallada se repartían flujos peroniles, uno a la zona de las Casas del Prado  pasando por las Casas de la Constructora, y el otro ramal se iba hacia El Cortijo, y  de la fabrica de Loza  y al molino que regentaba mi  bisabuela  Adela Álvarez Entrialgo, situado detrás de dicha fábrica .

Este era un punto que junto con la Caleyina tenia  leyendas distintas, ya no eran asaltos que también, sino más bien era el escenario colectivo de varias y variadas muertes,  la mayoría acaecidas por el atropello en el cruce de las vías del tren, lo cual la mayoría de las veces traía consigo el descuartizamiento de la persona o chaval atropellado.

Por lo tanto nuestros miedos ya no eran tan terrenales como en la Caleyina que podían ser los asaltos, o intento de agresiones… aquí era más bien una escenografía  que se acercaba bastante al mundo de los zombis, brazos o piernas que se movían solas,  y cabezas flotantes, era más mental que físico,,, pero ahí estaba.

Y claro cruzar este paso sin habitantes en unos cuantos metros a la redonda, de noche algunas veces, yo lo hacía para ir a la Academia Don Paco  en El Cortijo, con  el ruido que producían los molinetes movidos por el viento, ya era la ostia.

LOS MIEDOS CONTROLADOS
Siguiendo con la pauta caminera y su relación con nuestros miedos estaban otros caminos , por ejemplo los que unian La Fuente con Lloreda a través de la Dehesa  por  el Camino que subía hasta La Jamaica, y que también cruzaba otra vía del tren como la del Carreño, pero no tenía tan mala fama, tal vez porque iba por prados abiertos y era una zona rural con  más de tránsito y casas aquí el miedo estaba  más ligado a los perros de las casas y fincas  que andaban sueltos, o podían estarlo, por lo demás eran como digo zonas con los miedos controlados provenientes más del mundo rural.


Lo mismo podía suceder hacia el Sur, con los caminos que daban a la zona de Santa Bárbara desde La Quintana, como el camino de la Braña o de La Torre, eran caminos  de cierta ruralidad más bien ligada al mundo medieval de la brujas y las mitologías al uso como el arribe por la Torre hacia Santa Barbara y su callejón del Mortero, que casi unca visitábamos.

Estos  eran parte de nuestros escenarios de miedo. 

Una aldea como otras muchas...,  donde los viejos contaban espeluznantes historias que durante el tiempo que las oíamos los críos no pasaba nada nos reíamos , pero luego cuando la noche se cernía  y teníamos que transitar por aquellos caminos ..otro gallo nos cantaba, en ese momento las risas al oír las historias se truncaban en estos espacios tan singulares y a altas horas en auténticos calvarios al menos para nuestras calenturientas imaginaciones.

Y la verdad es que esos miedos calaron mucho más de lo que pensamos en nuestro interior.

Víctor Guerra, Alias: Chusi,  fiu del Jesús el “Chan” y Lola .