miércoles, 20 de junio de 2012

La activista comunista con calle en Tremañes

 

Ángel de la Calle detalla en cómic la vida de la fotógrafa comunista Tina Modotti, «que fue tapada por la historia»

ngel de la Calle, junto a su libro, el lunes en el Club LA NUEVA ESPAA.

Ángel de la Calle, junto a su libro, el lunes en el Club LA NUEVA ESPAÑA. ángel gonzález
Pablo TUÑÓN

Se encandiló de su figura y decidió darla a conocer a través de un cómic titulado «Modotti, una mujer del siglo XX». Y el mismo efecto que produjeron en él las peripecias de la vida de la fotógrafa, actriz, modelo y activista comunista se expandió por los lectores. «A pesar de que es la fotógrafa por la que más se ha pagado por una instantánea en subasta, es una desconocida», señala Ángel de la Calle, autor de la obra, diseñador, ilustrador y uno de los organizadores de la «Semana negra». Él mismo quedó sorprendido con el éxito de su libro. «Estaba pensado para 200 ejemplares, pero se ha vendido en medio mundo y traducido al alemán, francés, italiano, griego, portugués y brasileño», señala De la Calle.

Tina Modotti (Udine, 1896; México, 1942) emigró pronto a California. Después pasaría por Hollywood, participando en cuatro películas de cine mudo. Mantuvo un romance con el fotógrafo Edward Weston y con él se fue a México, donde conoció, entre otros, a Diego Rivera y Frida Kahlo. Allí se hizo miembro del partido comunista y conoció al revolucionario cubano Julio Antonio Mella, que moriría tiroteado en sus brazos. «Tuvo un alto grado de responsabilidad con su faceta artística. Era consciente de que cuando te envuelve una ideología el arte se suele resentir. Por eso renunció y en sus últimos diez años no cogió una cámara por su actividad política», destaca De la Calle.

Finalmente tuvo que salir de México y llego a la Unión Soviética, donde se apuntó a Socorro Rojo Internacional. Así, pasó en 1935 por Asturias para ayudar a los represaliados del octubre rojo. «Sabemos que estuvo en la plazuela San Miguel, donde estaba la oficina del Socorro Rojo. Su contacto aquí era la militante Concha Madera. Me la imagino pasando desapercibida por las calles gijonesas pese a su tendencia de modelo a posar», cuenta De la Calle.

Modotti pasaría buena parte de la Guerra Civil en España, hasta que salió en el último barco de refugiados hacia Estados Unidos, donde no fue aceptada por el FBI y tuvo que tomar rumbo a México. Allí moriría de un «sospechoso» ataque cardiaco en un taxi. Toda esta historia, de forma más detallada, está contada en el cómic de Ángel de la Calle, que el lunes habló de su obra en el Club LA NUEVA ESPAÑA. «Me costó encontrar bibliografía al principio. Forma parte de ese grupo de mujeres que hicieron cosas importantes pero que fueron tapadas por la historia», asegura De la Calle. Sin embargo, en Gijón tiene su hueco de homenaje, ya que da nombre a una calle de Tremañes.

viernes, 20 de abril de 2012

Las fiestas de aquellos “enanos” de Tremañes

Lo cierto es que una reciente lectora (Alba hija de la pequeña que aparece en la foto ) me recordaba  una fiesta de cumpleaños que tuvimos en la trasera de Casa Vidal, frente a lo que en aquellos tiempos eran los almacenajes de  Maderas Azcano y donde vivía la familia Vidal, entre otros.
En general en aquellos tiempos,  yo recuerdo pocas celebraciones de cumpleaños, al menos en mi entorno no las había, sin embargo la única que recuerdo siendo crío era esta esta de la cual he rescatado algunas fotos, lo cual es paradójico el tener fotos de estas escenas cotidianas.
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Cumpleaños de Juan Luis… y estamos mi Hermano José Javier; yo detrás, a mi lado una chiquilla  Maribel y  Juan Luis y anfitrión, a su lado su primo Milu, su hermana Marigel y Adolfín
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El mismo grupo con los mayores. Señora a la izquierda Lola de Casa Vidal, el hombre detrás es su hijo Alfredo, y luego a la derecha está Manolita, las dos mujeres jóvenes no recuerdo su nombre.
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Tres “bartolillos”.  Por abajo José Javier, Juan Luis, y el que suscribe
Victor Guerra, (Chusi el Moliñeru, fiu de Lola y el Chan)

jueves, 15 de marzo de 2012

Reflexiones de un Vecino . sobre la Igleisa y el Chabolismo en Tremañes




Efectivamente el cura Bardales cometió posiblemente su único gran error con el barrio de Tremañes con la entrada de los “portugueses” en la iglesia Parroquial (vista su anterior y posterior ayuda con el pueblo llano y con los trabajadores oprimidos no dudo de su buena intención) .

La cual como “agradecimiento” quedo destrozada y la cesión de un terreno cedido por el pueblo donde estaba ubicada la casa del cura propiedad en sus tiempos de la parroquia para la construcción del Poblado San Juan y el cual hace unos años el Ayuntamiento tuvo que recomprar para hacer un pequeño parque por atribuirse su propiedad el “ArzoAVISPADO”. Al margen de lo que bien dices su alejamiento, secundado por sus sucesores, del barrio con su de su desapego de los problemas cotidianos de lo que no fueran los concernientes a “La republica independientes de La Juveria, que no Lloreda”.

En el tema de la desaparición del Chabolismo en Tremañes la entidad la iglesia y “Gijón una ciudad para todos” muy apegada a miembros del OPUS, 
Contribuyo en una pequeña medida a pesar de la buena intención de alguno de sus integrantes aunque en estos casos toda ayuda es grande pues recuerdo a señoras que formaban parte de esa entidad con muy buenos abrigos en la Iglesia escribiendo carteles para que estos indigentes se pusieran en las aceras de Gijón solicitando limosna logrando con ello su enquistamiento, pues así entendía la ALTA Clase Social la ayuda a los pobres considerando pagada su conciencia con las “visitas de medico”efectuadas a los indigentes.

 Los grandes impulsores fueron a la llegada de la democracia, los miembros del Ayuntamiento de Gijón (presidido por José Manuel Palacio) El gran propulsor fue el por aquel entonces concejal de Sanidad MARCELO PALACIOS, con mayúsculas, pues gracias a él tenemos un Centro de Salud y un parque (con el concejal de Deportes Víctor Busto que apoyó para la construcción de una pista polideportiva pues la compra de el terreno de Jesús de Pedron era una gran inversión).

El fue el que logró la desaparición( el primer paso que logró fue la Ciudad Promocional en gestiones en Madrid) del chabolismo con su lucha desde dentro de las instituciones, Carmen Veiga concejala de Asistencia Social que sus dudas y reticencias que lograba vencer Marcelo y la A. VV. SAN JUAN BAUTISTA, también con mayúsculas pues se lo merecen por el gran avance que lograron para el barrio con sus reiteradas reivindicaciones diarias a pesar de la oposición de algunos vecinos de otras zonas de Tremañes, temas como la Ciudad Promocional, que sirvió de puente para la integración en la sociedad de sus miembros aunque no todos lo lograron por su falta de interés o cultura, el Colegio, , Centro de Salud, Parque etc. están en las hemerotecas quienes se oponían por su egocentrismo a su ubicación, donde el Ayuntamiento tuvo el apoyo de esta A. VV.

Seria un tema muy largo y de gran minuciosidad en los detalles el desglosarlo.

Tal vez sea un tema polémico pera esta es la realidad vivida y documentada, que no mi verdad.

Un Saludo y agradecimiento por tu afán por Tú-mi TREMAÑES 

UN VECINO 

miércoles, 7 de marzo de 2012

LA PARADOJA DEL CURA BARDALES y TREMAÑES


El cura Bardales, o sea el viejo amigo José María Díaz Bardales, que Dios tenga lo guarde en su seno, o desde aquí le dedico eso tan libertario de “ que la tierra le sea leve”, viene siendo con su pase al Oriente Eterno toda una paradoja para Tremañes.

Primero porque nos ha ayudado a situarnos en el mapa, ahora que somos casi que un territorio baldío devorado por la antropofagia de una devoradora ZALIA, que ya convertido nuestra parroquia en estéril desierto de tierras sin labor y casi si me apuran sin futuro. Su muerte ha puesto ubicación a esta aldea en el mundo globalizado de Internet, aunque también nos ha vinculado con el chabolismo.

Da la sensación cuando se habla de chabolismo, esa imagen se vincula directamente con la parroquia de Tremañes, cuando en realidad el fenómeno del chabolismo estaba instalado fuertemente en muchas partes de Gijón, como la Kabila en la parte alta d Ceares, o todo aquel otro cinturón de chabolas que había alrededor del campo de fútbol del LLano, o el chabolismo del Cerillero, aunque de menor de entidad que el fenómeno que se dio en Tremañes, con cuyo fenómeno se quedó una vez se institucionalizó el fenómeno chabolista y su recuperación  con el programa de “Gijón, Una ciudad para todos”.

Oyendo a locutores y leyendo algunos periódicos da la sensación de que en Tremañes no ha habido más que chabolismo y que no ha tenido más pobladores que estos, cuando en realidad aparte del chabolismo de Villacajón, y cierto cinturón de pobreza  en La Dehesa, que se fue degradando con el paso del tiempo y la recuperación de ciertas familias que iban conquistando su nuevo status social y cambiando de residencia.

Tremañes aparte de esos “guetos” tenía, ha tenido y todavía le quedan sus núcleos de población, antiguamente La Braña, La Bolera y El Plano, La Fuente, Juvería, EL Caravacu, Dehesa, Lloreda, La Muria, La Picota, etc, donde vivían y viven probos ciudadanos, que tuvieron que vivir con el chabolismo gitano, o de mercheros, que se integraron en la sociedad gijonesa y en la propia aldea, pero también le tocó el chabolismo infrahumano de los “portugueses” más agresivo y difícil de incardinar en la sociedad asturiana.

Por tanto habría que ver a Tremañes no como la cuna del chabolismo, sino como un punto institucionalizado de este, y también por la tolerancia de sus habitantes, que pese a todo nunca fueron, ni fuimos  beligerantes con este fenómeno de la  infra –emigración, ni con la condena que nos han hecho las instituciones políticas como territorio. Otros ya habrían puesto el grito en el cielo.

Bardales al que conocí y traté, camino del Convento de los Espiritanos al que me fui, casi que no se sintió a gusto en Tremañes, y mas desde que metió a aquellos desahuciados en la Iglesia, se entendió pero se comprendió poco, y se explicó menos aún.

Por la izquierda, de pie, Jos Luis Fonseca, Alfredo Cueto, Javier Gmez Cuesta, Alberto Torga, Jos Mara Daz Bardales y Jos Manuel lvarez, El Peque. Sentados, Jos Manuel Fueyo, Luis Surez, Sanz Montes y Jos Luis Martnez.


Por la izquierda, de pie, José Luis Fonseca, Alfredo Cueto, Javier Gómez Cuesta, Alberto Torga, José María Díaz Bardales y José Manuel Álvarez, «El Peque». Sentados, José Manuel Fueyo, Luis Suárez, Sanz Montes y José Luis Martínez. j. e. c

Además Tremañes con sus párrocos quitando al viejo “D. Ramiro” del cual se decía que andaba con pistola en bolso, pero que vivía en el centro de la parroquia cerca de la Iglesia San Juan Bautista,  ha tenido un relación extraña el resto todos se fueron a vivir a Lloreda, por tanto   hay un cierto sentimiento de que los curas son de Lloreda, porque allí han vivido y desarrollado el 90% de su vida cotidiana.

Pronto Bardales se fue a La Calzada,  y ya no volvimos a saber de él, y quedó como sustituto en el territorio el jesuita  Cándido Viña al que ya se le hizo hace poco un homenaje en Tremañes.

Hay que tener en cuenta que Lloreda es sociológicamente una isla urbana e industrial  a modo de polígono humano e industrial  metida en un territorio más ruralizado como es el resto de la parroquia.

Victor Guerra (Alias Chusi, el Moliñeru)

martes, 6 de marzo de 2012

Fallece el sacerdote José María Díaz Bardales

El concido párroco de Fátima ha muerto esta madrugada tras una larga enfermedad

REDACCIÓN
El sacerdote José María Díaz Bardales (Ribadesella, 8 de noviembre de 1940) falleció esta madrugada en su domicilio gijonés de La Calzada, el barrio del que era párroco desde 1981. Bardales, que peleaba contra un cáncer desde hacía varios años, pasó los últimas semanas en su casa, rodeado de su familia y cuidado hasta el último momento por sus feligreses y sus muchos amigos, en justa respuesta al compromiso y la dedicación que siempre mostró con su barrio y todos los que de alguna u otra manera le necesitaron.

La capilla ardiente ha sido instalada en la sala 3 del Tanatorio de Gijón. El funeral de cuerpo presente se celebrará mañana en la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de Fátima, en La Calzada, a las 12.00 h.Después se procederá a su traslado a la Iglesia parroquial de Ribadesella, donde se oficiará otro funeral a las 17.00 h. para recibir, a continuación, sepultura en el cementerio de Ribadesella.

Bardales estudió con los jesuitas en Carrión de los Condes (Palencia). Influenciado por la atención que el cura de Ribadesella prestaba a los necesitados decidió estudiar en el Seminario de Oviedo, donde se ordenó sacerdote a los 22 años. Sus primeros destinos parroquiales fueron en Luanco y en la zona de Pesoz, luego fue coadjutor a Mieres, etapa que él consideró "de maduración en muchos aspectos, tanto en lo que significa el compromiso social, como a nivel moral".

De Mieres fue a Madrid, a estudiar en el Instituto Superior de Pastoral, donde escribió su tesina sobre «La presencia de la Iglesia en los conflictos laborales. Asturias, 1960-1970», mostrando ya que su compromiso con la clase obrera iba a ser muy fuerte. A la vuelta de Madrid el propio Bardales le pidió al arzobispo, Díaz Merchán, que le permitiera ser "cura de barrio".

 Es destinado en 1970 a Tremañes, donde queda para la historia colectiva gijonesa su implicación, junto con otros curas obreros y muchos cristianos de base en dar soluciones al chabolismo. Formó parte de un grupo de sacerdotes conocidos como el "Grupo de El Bibio", cuyas reflexiones y puntos de vista sociales fueron referencia importante, no exenta de polémica, para la Iglesia asturiana.

En octubre de 1981 fue nombrado párroco de Nuestra Señora de Fátima, en La Calzada, y allí siguió hasta que la enfermedad pudo con su fuerza.

José María Díaz Bardales firmó también hasta el pasado mes de enero la carta dominical que él mismo tituló "Desde mi parroquia" en la edición de Gijón de LA NUEVA ESPAÑA.

domingo, 22 de enero de 2012

CAICOYA.Compañero entrañable, amigo leal.

Recojo esta noticia de El Comercio, sobre otro tremañense que se nos va.



20.01.12 - 02:36 -JOSÉ ANTONIO RODRÍGUEZ CANAL. DIARIO EL COMERIO
  • En el Hospital de Cabueñes, a media tarde de ayer, llegaba a su fin una singular trayectoria humana, rica en intensas vivencias: moría un padre protector, un trabajador incansable, un compañero entrañable, un amigo leal. Caicoya, en el siglo José Carlos Caicoya López, gijonés de Tremañes, había nacido el 14 de agosto de 1931. Fue boxeador aficionado, con un palmarés sobresaliente: 21 combates con 19 victorias y dos nulos (en uno de estos en realidad acabó grogui, según él mismo reconocía).
Mili en Madrid, soldado de Infantería de Marina con uniforme hecho a medida porque pertenecía a la escolta del ministro del ramo. Pasión por el deporte, que nunca, ni en las circunstancias más adversas, le abandonaría, expresada en la colaboración habitual en la organización de pruebas ciclistas y en la afición a los bolos. Por ahí, como laborioso y humilde cronista de la cuatreada, empezó su relación con EL COMERCIO, hace cerca de medio siglo, un vínculo que se haría indisoluble.

Caicoya trabajaba en la Fábrica de Moreda, antecedente lejano de la actual factoría gijonesa de Arcelor. Un accidente laboral y una desafortunada intervención quirúrgica posterior, con secuelas de rigidez permanente en una pierna, acabaron -previo paso por un puesto de atención al público en el economato de la empresa- con el profesional siderúrgico y derivaron en una calificación de incapacidad laboral. Un eufemismo. ¿Caicoya incapaz de qué?

Además de tener capacidad para ejercer después el activismo vecinal durante muchos años, en ciclomotor, una primitiva Mobylette, de una tirada, en ocho horas, tras superar las curvas decimonónicas del Padrún y las imponentes rampas de Pajares, había sido capaz de ir hasta Villapeceñil, en las proximidades de Sahagún de Campos, el pueblo de origen de Felisa, su esposa, que le daría dos hijos, de modo que la nueva situación fue un estímulo.

Tenía su propio gimnasio en casa para mantenerse en excelente forma física y aprovechó para instruirse con un curso de fotografía por correspondencia. Las circunstancias, y su permanente disponibilidad -cualidad no demasiado abundante y cuya importancia resulta ocioso subrayar cuando se trata de información gráfica- hicieron que Caicoya pudiera, con una dedicación sin límites, entregarse de lleno a la que fue su gran pasión, ejercer como fotógrafo en EL COMERCIO.

Fue fotógrafo a la vez que desempeñaba un generoso papel de paternal tutela con las jóvenes generaciones de periodistas con los que trabajó. Caicoya, solo o casi siempre como acompañante de Jenaro Allongo, inolvidable redactor deportivo de EL COMERCIO, fallecido en noviembre de 1994, recorrió en su coche España entera -con alguna incursión en Francia, Portugal y Holanda- para dar testimonio gráfico de los partidos del Sporting.

Eran unos viajes larguísimos, interminables, por un país sin autovías, Caicoya siempre al volante, día y noche, en vigilia permanente, cientos y cientos de kilómetros para estar de vuelta a tiempo en el periódico.

Con esta disposición, con esta actitud desprendida, Caicoya, que además, en la adversidad en la calle era, por razones obvias, un seguro de vida para sus acompañantes, llegó a hacerse prácticamente imprescindible como último recurso en casos de necesidad extrema: siempre dispuesto a emprender viaje, a cualquier hora; resuelto para saltar de la cama si era noche avanzada o a postergar cualquier actividad personal cuando era inopinadamente requerido, listo en todo momento para cumplir la tarea que se le encomendaba.

Esta actitud ejemplar, esta disponibilidad impagable, muestra constante de generosidad, una conducta sin tacha, hizo que se le echara tanto de menos cuando por imperativo de la edad, primero, y luego a causa de los de su ya quebrantada salud, dejó toda actividad laboral y prácticamente no salía de casa. La muerte de su esposa hace casi dos años fue un golpe cuya dureza precipitó el deterioro de su estado hasta el final ocurrido ayer. Sus dos hijos, cinco nietos y dos biznietos pierden al patriarca familiar; los demás sufrimos la pérdida de Caicoya, el compañero entrañable, el amigo leal, que acaba de irse para siempre, pero nunca nos abandonará su recuerdo.

Chusi, fiu de Lola y  Chus el Moliñeru,

martes, 17 de enero de 2012

De Aprendiz en la Fabrica Laviada.



En Gijón había dos emporios vidrieros, una era la Bohemia, situada en lo que ahora es el Hotel Ciudad de Gijón, inmediaciones de la nueva estación FEVE/REMFE de San Crespo , y que daba o lindaba con la autopista en su entrada en Gijón, y  en la cual trabajaban muchos de mis conocidos y amigos como Taboada, Fleitas t alguno más..

Pese a intentar entrar en la Bohemia no me fue posible, aunque parecía que en esta empresa la mobilidad era muy alta… por tanto por casualidades de la vida, pues entré en otra fabrica con unos 16 años  en Laviada en sus sección de vidrio. Esta era un fabrica que ocupaba sus buenas manzanas, pues n o en vano iba de  la calle Magnus Blikstad a la Avenida de Portugal y desde la calle  Infiesto   a lo que ahora es la calle Carlos Marx.

Era una fabrica de vidrio corriente soplado a boca, fabricación de baterías esmaltadas y productor refractarios, cuyo emporio con muchas deudas y déficits cerró su puertas en la década de los años 80. Fue fundada en 1857, y obtuvo unas diez medallas de oro en Exposiciones nacionales e internacionales, aunque su primer nombre será La Begoñesa que fue fundada por el holandés Julio Kessler, que había venido con aquellos primeros técnicos vidrieros que conformaron la industrial locera y vidriera asturiana y también parte de las logias masónicas de 1850, al morir Kessler que estaba asociado con  Juan Díaz-Laviada la empresa pasa a denominarse Laviada y Compañía, luego en 1950 se fusionó con la factoría de vidrios la Industria, dando lugar al nombre de Industria y Laviada que cerrará después de haber tenido unos 650 obreros en 1929  cerrando en 1982-3 con unas pérdidas de 367 millones.

En esa empresa entré a trabajar con unos 16 años en la categoría de “corredor de vidrio” en la sección de vidrio soplado, o sea donde se fabricaban copas y demás…


La fabrica era todo un enjambre de aprendices que con sus largos “tenedores” llevábamos desde el Maestro vidriero hasta el horno del temple las copas y algunas figuras de encargo. Todos nos amontonábamos alrededor del horno que se preparaba  durante la moche, a la mañana, entrabamos a las 6 de la mañana se establecía el cuadro de actores, como dice la foto unos encargados de sacar el vidrio, otros de soplar dentro del molde el vidrio, y finalmente el Maestro en su banco de ir colocando a la copa su talle y pie, o a las jarras sus asas.

Era increíble después de venir de otro trabajo más individualizado, estar aquí en medio de tanta gente, tan variopinta , en general me llamaba la tención un par de cosas, por un lado los grandes mofletes del personal, dado a esto del soplar, pues a través de largas cañas de hierro hueco terminadas en una especie de bola en forma de pera, con ellas se cogía el vidrio candente que luego era soplado, y ello hacía que esto sopladores tuvieran como los sapos unos grandes bolsas por mofletes, cuando hice ver la comparación, ello ya me trajo la primera discordia con un un grupo, pues pronto fui cambiado a otro grupo de trabajo, pues mi ligazón simbólica a mi primer maestre vidriero  no le gustó nada.

La otra observación era la gran cantidad de vino que se bebía entre el componente obrero… y que por alguna razón también combatían por un tema de pulmones bebiendo gran cantidad de leche, la mezcla de todo ello unos bebiendo vino y otros trasegando leche, era algo que me dejaba perplejo

Cuando  pasé al segundo grupo, en general  dedicado a temas más bien a construcciones artesanales y encargos, puedo decir que el laboreo era más relajado, y eso permitía que el personal fuera  más parlanchín, entre las conversaciones estaban aquellas especies de leyendas  de que cada año se hacía una colada de vidrio con un kilo de oro en polvo para armar la vajilla anual para la Casa de Don Francisco Franco y las “Collares”. No sé sí era cierto, pero puedo jurar que  había  un cierto tráfico por hacerse con alguna de aquellas copas tan preciadas como perseguidas. Yo creo que le hice llegar una a mi madre.

La organización laboral de este tipo de horno, en el cual los aprendices o corredores, parábamos más bien poco, menos los que estábamos en el gremio artesanal, que contemplábamos las destrezas de nuestro maestro, sorprendidos de como se podía cortar el vidrio,  o doblar o sostener de forma horizontal en el banco con solo hacer rodar la caña.

Alguna vez que los levantadores nos dejaban sacar el vidrio, o el Maestro nos dejaba rodar la caña veíamos como aquello se nos iba al traste. Era un trabajo cansado todo el día de arriba a abajo llevando copas al temple, en medio de un calor que en invierno nos venía bien, pero que en verano era una pesadilla con aquel inmenso calor…

La comida que llevábamos de casa en una fiambrera era calentada por quien yo creo recordar  que se llamaba Marcelino,  todavía n o hace mucho andaba atravesado por Gijón, con su mono azul de trabajo, su boina, los labios pintados de rojo, yo creo que con mercromina, ahora me entero de que le llamaban el “Mercrominu”, la verdad es que yo le ví jubilado de la Industria y Laviada , y poco a le fui viendo cada vez más entafarrado hasta presentar este aspecto, supongo que a estas alturas ya habrá muerto.


Era un trabajador de Industria y Laviada, retirado de los tajos al que se le encomendaba las tareas de barrer los vestuarios, atender las comidas y labores sin peligro para él, era cierto que en aquellos años no presentaba ese aspecto tan delgado, era más bien ancho y de carnes flojas, y con  abundante pistolón que nos enseñaba a cada rato…, a la que podía nos magreaba las cacha, y sus ocasiones  de oro eran cuando nos enseñaba las fotos pornográficas que tenía, lo cierto es que no sé de donde las sacaba , pero eran increíbles, o al memos a mi me lo parecían.

Por un ratu de contemplación pues ya sabías te dejabas sobar, porque aquello era toda una primicia, decían que si se las traían de fuera en barco, o que andaba todo el día de putas y maricones.. El caso es que nunca fue peligroso ni ofensivo más allá de sus tejemanejes.
con el pasamos algunos buenos ratos haciéndole de rabiar, pues allí s ele tenía por ”marica” , o sea un homosexual, del cual nada tengo que decir, salvo de sus magreos, en la duchas que eran el hazmerreír de todos, por lo inocente de sus juegos y tejemanejes… Siempre me ha dado pena verle en estas circunstancias, y más cuando se decía que tenía perres a montones… 

Así era nuestra perra vida de aprendices de vidriero, sin saber más allá de los procesos de fabricación que ver levantar el vidrio, ver como se soplaba y se hacían mil maravillas, no conocíamos nada del otro lado, del taller de talla y grabación, etc, y menos aún de las otras secciones de la empresa.

La labores más pesadas tal vez era el tema de limpiar y espolvorear los moldes, y lijar y lijar las cañas de hierro, que para los Maestros nunca estaban suficientemente brillantes.. o sea que lija sobre lija. Que sería de todo aquel material: moldes, colecciones de cañas, de cristalerías…

Al  final una huelga acabo con muchos de nosotros en la calle, tampoco había nominas, nada más que un sobre un poco más abultado que en Deli, pero eso sí a las tres de la tarde en casa.

Chusi el Moliñeru, fiu de Lola y el Chan