domingo, 27 de diciembre de 2009
El palacio del marqués de Casa Tremañes pasará a ser municipal
viernes, 4 de diciembre de 2009
Pepe “El Pintu “ el de LA QUINTA MARINA
Estos días han sido un tanto aciagos, primero se fue al Oriente Eterno, el amigo Peltó, luego una persona de mi entorno más cercano, mi propio tío Pepe Luis GUERRA COSIO, vecino que fue de Penjamo (La Felguera), y en este trajín camino de Tanatorios, mi madre me comunica que hace unos días ha muerto también el “Pintu” de La Quinta Marina”.
La Quinta Marina como “guaje de aldea” tiene para mí muchas referencias, pues aparte de vivir en una aldea, digamos que mis padres vivían en la parte más urbana , en el barrio de La Fuente, y allí no había vacas, las más cercanas eran las de Conchina El Nietu, [A la cual se niega a dar nombre el Ayuntamiento de Gijón al callejón que daba a su casa ]; la otra referencia de olores de cuadra y vacas eran precisamente los de La Quinta Marina, que podemos ver la foto de César el fotógrafo oficial de la aldea de Tremañes
Siempre he tenido como extraña la relación de mi padre con esa quinta, y hace apenas unas horas que he sabido los motivos, resulta que mi madre ya de muy cría sirvió en esa esa casería a las órdenes de Doña Elena Junquera Junquera la cual estaba casada con José María García Busto, y de cuyo matrimonio resultaron los hijos José, Faustino y Álvaro.
La famosa Quinta Marina: una Casería, que a pesar de ser llamada “Quinta” era más bien una “Casería” compuesta de una enorme cuadra cuya paredón y fachada colindaba con la carretera general de Tremañes hoy Avenida de los Campones, y estaba a la altura del lugar denominado del Plano.
Tenía un portalón con una medio puerta más pequeña que daba a una especie de patio, a la derecha en dos plantas la casa, en la cual yo recuerdo una neña primorosa, y a su hermano Faustino (hijos no sé si de Faustino o de Álvaro,) al que siempre he visto paseando de forma elegante por Gijón, como buen oficial bancario que era. Al resto le perdí la pista.
La finca era grande según recoge la nota de César era una finca de 42 dia de bueyes y una cuadra para 40 vacas, dicha finca colindaba por la parte trasera con la vía de la RENFE. Digamos que ocupaba buena parte del triángulo que hay entre el túnel de Moreda que conecta con la Avenida de los Campones y que tiene uno de sus vértices al doblar por la calle que Bertorl Brecht, yo creo que la quinta ocupaba lo que ahora es la calle citada. Estamos hablando para que se sitúen en el lugar donde ahora está Frutas Gayo.
Pepe “El Pintu”o sea D. José María García Junquera, aunque era natural de la “Quinta Marina, vivía en Fresno, allá donde uno se adentra en los actuales predios de Arcelor , cuando se baja por la cuesta Lloreda abajo, camino de Sotiello, por la carretera que va hacia Serín, allí estaba la casa de Pepe “ El Pintu”.
Otra finca grande en plena aldea de Fresno un poco más allá de un paso a nivel que había, de aquellos recuerdos de antaño estaba la presencia de un tullido y malformado hombre” yo creo que hermano de la mujer de El Pintu., al cual tenían metido bajo el hórreo en una especie de casucha, porque debía ser la forma de tenerlo un tanto sujeto.
Pepe “El Pintu” ,era como digo un hombre caracterizado por esa mancha en la cara, y de vozarrón que salía de un corpachón de paisano acostumbrado a las tareas del campo, prados, y vacas, era su mundo, de genio y violencia que como decía mi madre, ya de “guaje cuando una vaca se la armaba, la ataba al pesebre y le daba de palos hasta fartase” tal vez mediaba cierta frustración por el manchurrón que tenía en la cara lo cual le caracterizaba.
Amén de otros telares que mediaron en la época de alguna pelea sonada con resultado de muerte, cuestión que nunca se llegó a aclarar muy bien quién fué el responsable final del entuerto, pues mediaban más vecinos en dicha trifulca, decir que su separación en aquellas kalendas fue sonada en toda la aldea…
Conducía, yo creo, que un Mercedes de la época y como referente de la pujanza de los hijosdalgo del campo astur.
Todo ellos desaparecieron pronto de mi vida, aunque al “Pintu” con toda su mancha en la cara, aún le vi algunos años atravesado por Gijón, aunque nunca supe porque le tenía simpatía y tengo el lejano recuerdo que las pocas veces que le vi visitando a su hermano en la Quinta Marina me trababa muy bien
Hoy de nuevo he recuperado su recuerdo y el de la Quinta Marina y que dejo para la memoria colectiva de esta aldea.
Victor Guerra, alias Chusi, fiu de Lola y Jesús el Chan
sábado, 31 de octubre de 2009
CEMENTERIO DE TREMAÑES
Ha llegado el 1 de noviembre y nuestros cementerios al igual que el día 2 que es Día de Difuntos cambian de color gracias a la labor de nuestras madres que son al final quienes velan por nuestros antepasados.
Yo como pertenezco a una familia desestructurada, mi madre no es huérfana pero como niña de la guerra cada hermano se valió por si mismo , y la familia paterna los “molineras” la mayoría emigraron a la Argentina con lo cual había poco a quien venerar en el Cementerio, como mucho un recuerdo para la tía Rosario Piñera a la cual siempre tuve en gran estima, o alguna visita que le dispensé a mi amigo del alma Chema que un me fue arrancado de mi lado por un fatal accidente de tráfico al ser arrollado por una bicicleta.
El cementerio de Tremañes es una cosa rara, porque lo cierto es que nunca vi un cementerio tan alejado del los núcleos como este, digamos que acercarse hasta el era todo un paseo, del cual esa entretenido digamos que hasta las casas del molín, las que se levantan al pie del río Cutis, hoy soterrado, y desde las cuales por su trasera se subía por la Torre arriba camino de Santa Bárbara.
En los alrededores del Cementerio había un par de caserías y poco más, por lo cual era un recinto como bastante aislado y hasta tétrico, digamos que para el común de los mortales los cementerios son bastante , como hoy de diría “gore”, pero para un ser un tanto “especial “ como el que suscribe son algo que entran dentro de lo cotidiano.
De todas formas este pequeño cementerio parroquial ha sido desde muy pequeño , me imagino que para todos igual, un lugar fantasmal, lleno de miedos y temas oscuros como además lo era aún más si cabe el pequeño recinto lateral dedicado al Cementerio Civil, del que apenas si recuerdo nada más que dos viejas tumbas carcomidas por la maleza y de las cuales nadie sabía nada o nadie quería explicar nada era para nosotros todo un misterio.
El resto del cementerio era una pléyade de tumbas repartidas por la zona de tierra, y en los muros laterales los nichos, eran otras épocas donde no había ni recalificación y el poder urbanístico que ahora asola a los cementerios incluido el nuestro aunque ha quedado bastante apenas si tiene panteones y es bastante discreto y hoy con la gestión municipal ha quedado en un decente y digno campo funerario con vistas a la autopista y recibiendo de cara los muertos el olor salitroso de la costa gijonesa que se adivina por entre los edificios del fondo.
Quien fuera mi amigo Chema, Que la tierra te sea leve Tumba infantil de los viejos tiempos
Texto y fotos @ Víctor Guerra
viernes, 2 de octubre de 2009
El paso peatonal entre Tremañes y La Calzada se abre el lunes
Se trata de un túnel subterráneo por el que circularán tanto vehículos como peatones, y que une los barrios de La Calzada y Tremañes, separados hasta ahora por las vías del tren.
Leticia Quintanal - 01-10-09
Vista aérea de Gijón
+ audiosAUDIOS
El concejal de urbanismo, Pedro Sanjurjo.
Las obras que unen los barrios de La Calzada yTremañes a través de un túnel subterráneo están a punto de concluirse. De hecho el próximo lunes se demolerá la pasarela provisional y se abrirá el paso peatonal, aunque los vehículos aún no podrán circular hasta finales de este mes de octubre. Se trata de una obra compleja, tal y como la calificó el concejal de urbanismo en el ayuntamiento de Gijón, Pedro Sanjurjo, que resuelve el aislamiento histórico entre estos dos barrios. Sanjurjo ha asegurado además que se extremará la seguridad para los peatones, hasta que no se concluyan las obras, y también, una vez que estas finalicen, con la instalación de cámaras de vigilancia que estarán conectadas con las oficinas de la policía local de Gijón.
El proyecto se ejecutó por 1,5 millones de euros menos del presupuesto consignado inicialmente, que era de 4.754.000 euros.
domingo, 23 de agosto de 2009
El derribo de la panera de Tremañes
Ahora le ha tocado el turno a a una panera, pero el poco patrimonio que tenía la aldea de ha volatizado, ahora es el PP el que coge por el cuello a los socialistas, pero los gobiernos de la derecha en sus buenos tiempos hicieron lo mismo, así se volatizaron las “Quintas” o el emplazamiento de la Fuente del Mortero, o lo lavaderos , o las fuentes publicas…. etc…
NO es nada nuevo bajo el sol, lo que está sucediendo, pero fuera como fuere, nos quedamos sin un rastro más de nuestra historia
El Gobierno avaló por su mal estado
El PP propone crear un premio por conservar el patrimonio y critica a Cultura y al Ayuntamiento
Derribo de la polémica panera. / LUIS SEVILLA
El Gobierno regional autorizó el derribo de una panera de Tremañes y procedió a su «desafectación», ya en la pasada primavera, porque sufría «alteraciones irrecuperables» que eliminaron su interés etnográfico, según dijo ayer a EL COMERCIO José Luis Vega, director general de Patrimonio Cultural del Principado.
Vega indicó que, previamente y por las mismas causas, el Ayuntamiento de Gijón procedió a descatalogar la construcción. También explicó que una decisión de ese tipo nunca es tomada por una sola persona, sino que fue el Consejo del Patrimonio, a la vista de los informes técnicos, el organismo que autorizó el derribo.
En similar sentido, el concejal gijonés responsable de la Zona Rural, Faustino García, detalló que la panera causante de la polémica había sido cerrada por abajo y albergaba un servicio y otros elementos que nada tienen que ver con las construcciones tradicionales de ese tipo.
García indicó que los hórreos están ahora sometidos a un control más riguroso para evitar que acaben convertidos en fines de semana sin valor etnográfico alguno, de forma que sólo se autoriza su instalación en determinadas circunstancias y vinculados a una vivienda legalmente construida. Pero, según el citado concejal, no siempre fue así, y hace años era frecuente alterar la estructura de las construcciones tradicionales conforme al gusto y la conveniencia de sus propietarios.
Oposición
El Partido Popular no se mostró ayer complaciente con la decisión tomada y, antes bien, censuró la gestión del patrimonio etnográfico de Principado y Ayuntamiento por consentir que se produzcan las alteraciones que los dañan.
En ese sentido, el concejal Manuel Pecharromán anunció que propondrá a los grupos municipales la instauración de un premio, que podría tener dotación económica, dedicado a distinguir a las personas que mejor conserven el patrimonio etnográfico del que sean propietarias.
jueves, 13 de agosto de 2009
Los Guajes de vacaciones, El vareo de los Colchones
Lo cierto que este tiempo estival sin bien para los guajes era cojonudo, para las madres era toda una tortura, no por los motivos de ahora, que las madres trabajan y tienen a su niños llaves´por ahí rodando, o el empaquetamiento de guajes en los campamentos y otros menesteres , pues los progenitores trabajan ambos.
En aquellos tiempos en la aldea de Tremañes, las mujeres trabajaban en casa o en todo caso con el ganado, y solo conocía un par de ellas que trabajaban fuera, Eloísa, la practicanta, la madre de los Zipi Zape. Gelu y Eduardo, y poco más… ya cuando fui “mayoretu” como dicen en Cabrales, ha había alguna más que se ganaba la vida fuera de casa, aunque en genera eran las solteras…
La tortura, se producía, porque había que andar todo el santo día pastoreando a los guajes, pendientes de las trastadas y las gamberradas de turno, noche de calor en los cuales las manos ligeras de los progenitores volaban, además de repente tener en casa una serie de chiquillos era todo un martirio, di tú que de aquella no había prácticamente vacaciones, salvo para los empleados como El Parrichu que trabajaba en la Fabrica Loza o Kiko en Gijón Fabril, aunque no tengo un recuerdo de ellos de verlos de vacaciones.
En aquellos tiempos los guajes, desempeñábamos una serie de tareas durante la época estival, por un lado estaba el ayudar a las madres con la latosa tarea de los colchones.
En casa pronto se abandonaron los últimos colchones de hoja de maíz, que estaban más bien destinados a las cunas, el resto eran colchones de lana, lo cual significaba que una vez al año había que proceder a su oreo, y a “variarlos”. La tarea empezaba con el descosido de los colchones y sacar toda la lana a orear encima de unas sabanas viejas, allí estaba un par de días el despanzurrado colchón al sol, luego venía el tema de variar los colchones, había profesionales de ello, que daba gusto verlas, casi todas mujeres, dar aquellos varazos, con largas varas de avellano secas y tostadas, que servían para ir soltando los mechones de lana hasta dejarlos en espumosas nubes,
Eran varazos que se hundían en lana y salían en las varas las vedijas enganchadas a ella. Varazo tras varazo, golpe tras golpe, las pelotas de borra se rompen, se abren, se esponjan. La lana quedaba de este modo hinchada y la borra se hace vedija suelta y fofa. La lana bien vareada se colocaba después sobre la tela del colchón recién lavada.
Y allí teníamos a las madres, o si habían alguna vecina , o alguna colchonera que distribuían bien pareja toda la lana, se cubre con parte de la tela y sentada al lado de la lana y tela, se cose con aguja curva por el costado. y en medio del colchón se ensartaban unas serie de cintas a través de ojetes o herretes hecho en la tela, y de esta manera se sujetaba así la lana para que no se moviera de un lado a otro por el colchón.
Como digo había colchoneras profesionales pero lo típico eran labores de vecindad, en las cuales en cuanto uno tenía ya una edad, pues allí le tenían dando varazos aquel montón de apelmazada lana, después de dormir todo un año, eso si luego era todo un gusto dormir en los mullidos colchones.
A mi la verdad es que siempre me dio algo de repelús el olor de la lana, y mira que me gustan los olores fuertes, pero ese olor dulzón de la lana nunca me ha gustado, por lo cual procuraba no andar tirándome como mis hermanos a las pilas de lana, por lo cual siempre recibías alguna que otra bofetada.
Otra cosa que me llamaba la atención de los colchones que siempre la tema de estos era de rayas, y de colores, algo que nunca entendido bien el porqué de ese rayonamiento y ese colorido, cuando además nunca se veía ya que por encima iban las sábanas.
En general era operaciones de combate tipo “equipo A” bien planificadas y realizadas en vis veo, pues sino tocaba dormir en el suelo.
Asi entreteníamos en parte los guajes nuestros días de verano, ayudando o estorbando con el asunto del vareo de la lana, y así me gané yo también alguna peseta , o algún que otro arrumaco cuando iba camino de la adolescencia.
Chusi.
domingo, 2 de agosto de 2009
AQUELLOS DOMINGOS CARBONEROS
Me comenta un buen vecino que estos días en Tremañes han muerto uno de los carboneros de la parroquia y que fue “ el día 26 de junio murió Luis García García, vecino de Tremañes e hijo de Álvaro y Fé (los de la carbonería).
Ello me obliga a volver a retomar este querido blog que tengo algo abandonado por otras ocupaciones, como el trabajo que me llevan los otros blogs y desde luego la culminación del libro que estos días ya ha entrado en imprenta Masonería en el Oriente de Asturias Siglo XIX y XX, pero aprovecho este anuncio para hacer una reseña parcial de mis recuerdos de las carbonerías, a lo que sumaré otro trabajo de otro blog que resume muy bien el mundo de los carboneros, aunque este articulo habla de unas carbonerías un tanto más antiguas a las que yo conocí.
Como toda casa que se preciase en Tremañes, como en toda tierra de garbanzos, que se dice, la cocina de carbón estaba presente en todas las casas , y la mía no iba ser menos, la cual además estaba atizada todo el santo día, tan solo se la dejaba un tanto mortecina tras la comida para proceder a su limpiado y lucido con aquellos estropajos de fibras naturales y que tenían como base de pulido de la chapa de la cocina agua, un poco de jabón chimbo, y arena de fregar, hasta dejarlas como un jaspe, luego de nuevo a darle caña, hasta la noche.
Tener tal artilugio encendido, que además constituía un elemento esencial y vital, calor y elemento para hacer las comidas, una vez el hombre, en este caso la mujer se irguió, dejando el caldero o pota sobre el suelo, para tomar buena posesión de la cocina de carbón.
En casa hay dos combustibles, la madera que cada año traía mi padre de la obras en la cuales trabajaba de Encargado Albañil, y que se apilaban para nuestra desgracia, pues los veranos o tiempos de vacaciones, ya sabíamos tardes dándole al picahón para hacer trizas aquellos viejos tablones, o a golpe de sierra. Lo cierto es que apenas teníamos años y apenas si levantábamos un pie del suelo, y allí nos dejaban al cargo de piras y piras de materiales para devastar a golpes de niñez. Años bonitos pero también muy duros.
El otro combustible esencial era el carbón, y este al menos en Tremañes, no era repartido como tal, aunque seguro que se hacía pero mi recuerdo es que había que ir a por él a la carbonería, por lo cual ya desde pequeño, una de las ceremonias cada semana era acompañar a padre con la carretilla de madera y dar un par de viajes desde casa (Calle los Pinos, tomando calle abajo, doblando por delante de casa Rosita que hacía esquina con la calleja amplia que daba al pradón ,o sea lo que bajábamos por lo que hoy se conoce como calle Bazán y que atravesando la Calle Ancha (La Esperanza) luego venía la Calle Pureza, con el gigante eucalipto y el bloque de pisos, yo creo que de los primeros que hubo en Tremañes, y a continuación en la otra esquina de la Calle Socorro, donde Fé y Alvaro tenían su carbonería.
Como era domingo , pues se picaba y allí bajaban uno de los dos a servirte la mercancía, que se apilaba en grandes pilas en el patio cerrado que tenían, carbón grueso y carbón fin, en casa siempre se gastaba del fino, y una vez concluida la carga y la charleta, pues de nuevo por el mismo camino para casa.
Foto de la carbonería de Fe y Alvaro
Alguna vez por semana me tocó el tener que ir por un caldero y eso era insoportable, eran unos calderos de zinc horribles de transportar pues si llevabas dos pues bien, mucho peso pero equilibrabas, pero uno era un tormento, cambios de mano continuo, y descansos sin parar.
Cuando mi padre, se decidió a jubilar la vieja carretilla, confecciono una que era uno joya, yo creo que aún anda por casa,buena si que lo era, pero pesaba un quintal, y llevaba la intemerata de sacos, y allá me veía yo carreteando con aquel flamante “aiga” carretil camino de la Carbonería de Fé, a la cual siempre le tuve mucho cariño, de Álvaro apenas si tengo recuerdos. Digamos que las mujeres de Tremañes siempre me sedujeron más que los paisanos, y de ahí que tengo presentes una serie de estereotipos en mi mente, de las que espero hablar un día.
Como digo allí me ví yo relevando a padre (Chus el Chan) o el albañil, en las tareas de transporte de carbón tres sacos en cada viaje, era toda una proeza, pero el truco estaba en cargar mucho adelante, sobre la rueda, y eso facilitaba las cosas, lo malo era cuando volcabas, y entonces debías acudir a alguien mayor para que te ayudara a estibar la carga.
De la señora Fé, ahora que mi comunicante me lo dice, recuerdo que tenía un hijo, no este que murió Luisito, del cual tengo una imagen muy borrosa, pues ni me acordaba de él…tal vez si veo una foto lo recuerde, pero de lo que sí recuerdo es a ciencia cierta, era de su hermano que murió electrocutado camino de la escuela , no sé era mayor que yo o más joven y camino de La Calzada, pues se encontró con un cable eléctrico en el suelo y allí se quedó, él iba un poco primero camino de la escuela que el resto de la plebe de la zona, y eso hizo que la tragedia no fuese mayor. Que como digo fue toda una tragedia en Tremañes.
Después de aquello, vi como se apagaba la estrella de mi carbonera, la Señora Fé, pues fue todo una pérdida, hoy ya está tanto ella como su marido Alvaro, como su hijo en el Oriente Eterno, valga pues como homenaje, no solo la esquela que he recuperado gracias a REMEMORI, sino este otro articulo sobre los Carboneros.
Qu el Oriente Eterno, te sea leve querido convecino.
EL SEÑOÑR DONLUIS GARCÍA GARCÍA
(LUISITO)
Falleció en Gijón a los 65 años de edad
Falleció el día 26 de junio de 2009, habiendo recibido los Santos Sacramentos y la Bendición Apostólica
D. E. P.
Su esposa, Eulalia Pallero Durán; hijos: José Luis y María de los Ángeles García Pallero; hermanos políticos, sobrinos, primos y demás familia,
RUEGAN una oración por su alma. Funeral de cuerpo presente en la iglesia parroquial de San Juan Bautista de Tremañes, Gijón, a las CINCO de la tarde de HOY SÁBADO, día 27, y a continuación su traslado al Tanatorio Gijón-Cabueñes para su incineración.
Capilla ardiente: Tanatorio Gijón-Cabueñes, sala 11.,
NOTA y Gracias al convencino anónimo que me ha dado este dato y que obliga a desgranar los recuerdos.
Carboneros Y Carbonerías, Oscuridad Necesaria
Digo carbonerías y no me refiero a las que se encontraban en medio del campo donde quemaban grandes montañas de leña, cubiertas de paja y tierra para que su combustión fuera más lenta y diera como resultado el carbón vegetal.
Cuando digo carbonerías me refiero a esos lugares de antaño dónde se vendía el carbón, hoy casi totalmente desaparecidos,pero que siguen vivo en el recuerdo de aquellos que las conocieron y las vivieron, aquellos que saben que lo que se vendía en ellas era algo sumamente primordial en la vida cotidiana.
(Una Carbonería en 1930)
Las carbonerías surtían a la población de carbón, algo necesario para el vivir de cada día, y raro era la calle que no contaba con una. Estaban instaladas, bien en un local adecuado para ello, o bien bajo una techumbre colocada en la misma casa en la que vivía el vendedor del producto: El carbonero.
(Interior de una Carbonería)
Adentrarse en una carbonería era como entrar en otro mundo,un mundo oscuro en el que nada más cruzar el umbral, una nube de polvillo oscuro que vagaba en el ambiente casi hacía perder el contorno de los escasos utensilios que allí había. Paredes y suelo lucían igualmente negros. De entre la nebulosa de polvo salía el carbonero,hombre del que nunca se sabía a ciencia exacta el color de su piel, pues siempre estaba tiznado de oscuro, igual que sus manos y el delantal que llevaba puesto para no mancharse la ropa, cosa que a duras penas conseguía. Si acaso podía distinguirse a duras penas el blanco de sus ojos o el de sus dientes, si es que los tenía, que la población de entonces era propensa a la pérdida de las piezas dentales.
Había en la carbonería una romana para pesar y una pala con la que el carbonero cogía el producto que pedía el comprador, y volcarlo posteriormente en el recipiente que se llevaba para ello, por regla general un cubo de hojalata o un latón al que se le había acoplado un asa.
Dentro de la carbonería se apelotaban los sacos de carbón, de cisco carbón y de cisco picón, y al fondo, en un rincón, el carbonero amontonaba los desechos que iban quedando para venderlo como carbonilla que era muy apreciada para que prendieran bien las llamas. Era lo que se vendía en las carbonerías, aunque posteriormente y cuando hubo algo más de progreso, también se vendía petróleo para las hornillas que cocinaban con este producto.
(En algunos lugares el carbonero felicitaba las Pascuas a cambio del Aguinaldo. Felicitaciones de 1940)
Era obligación de cada día comprar el carbón para el consumo diario de cada persona o familia.
A comprar el carbón, además de las mujeres, iban generalmente los niños mandados por su madre, quienes se entretenían de vuelta para su casa, en pintar con un tizón de cisco las paredes de la calle a la par que caminaban. Luego llegaban las reprimendas de las madres por llegar tiznados.
Se compraba para cocinar el carbón, que las amas de casa introducían en el poyo de hornilla que era un banco de obra adosado a la pared de, más o menos, un metro de altura, recubierto de azulejos y donde estaba empotrado el fogón de hierro que se denominaba hornilla. Al frente del poyete se abría la boca de una pequeña galería por la que se accedía al fondo del fogón o boca de la hornilla. Una vez el carbón dentro, encendía la lumbre introduciendo papeles ardiendo por las bocas hornillas. Por ahí se sacaban además las cenizas y se podía avivar el fuego por medio de un soplador que era como una especie de abanico de esparto.
Para calentarse y encender el brasero se compraba el cisco picón. El brasero no faltaba en ninguna casa que se preciase y por regla general se encendía al caer la tarde. Primero se ponía en el fondo del mismo una capa de carbonilla y se le prendía fuego, y una vez hecha brasas, se cubría el cisco picón. De cuando en cuando había que “menearlo” con la badila para que no se apagara y resurgieran las brasas de nuevo. Para que la estancia oliera bien se le echaba a la candela alhucema.
(La mujer del Carbonero- Años 60)
Pero no todos los que vivían del oficio de carbonero tenían la misma suerte. Había también otros cuyo poder adquisitivo les negaba el privilegio de disponer de un local para su venta, por lo que no les quedaba más remedio que dedicarse a su venta ambulante.
Cada mañana salían de su casa con dos grandes sacos de carbón y pregonaban su mercancía de puerta en puerta: “¡niña, el carbonero!”, y las mujeres salían a la calle con sus correspondientes cubos a comprar la mercancía.
Los carboneros ambulantes que gozaban de una poca de más suerte se servían de un mulo, igual de tiznado que él, para que les llevara la carga en las angarillas.
Ya no huelen las calles al carbón quemado que se escapaba a través del humo de las chimeneas, ni los chiquillos pintan con un tizón negro las paredes, ni se ve al carbonero, imagen oscura que generalmente ocultaba tras su negrura el blanco inmaculado de la fraternidad de antaño.
(Carbonero Ambulante en burro sobre 1950)
Como final, esta coplilla popular:
“Vaya una gracia,
vaya un salero
que tiene, madre,
mi carbonero.”
Imágenes: Todocolección.net, Oronoz, Ebay
Este artículo está tomado de http://saboranejo.blogspot.com/2009/01/carboneros-y-carboneras-oscuridad.html





