sábado, 1 de marzo de 2008

EN CORTO MATÍAS GONZÁLEZ PRESIDENTE DE LA PEÑA BOLÍSTICA RECULTA



/ G. MATA
La bolera Reculta se inauguró en el año 1942 en la finca del Bar Casa Reculta de Tremañes. Veintiún años más tarde se creó la Federación Asturiana de Bolos, momento en el que ya se registró de forma oficial esta peña. En la actualidad disponen de unas buenas instalaciones con dos boleras, una de ellas cubierta en su totalidad, sección de llave y rana y un gran espacio de recreo. Matías González, presidente de la peña bolística Reculta desde hace nueve años, compagina su trabajo en la enseñanza con su afición por los bolos.

-¿Cómo surge su pasión por este deporte?

-Cuando se trasladó la bolera Reculta a Pachín de Melás, la entonces directiva, con el fin de promocionar los bolos, enviaba circulares a los centros educativos para ofertarles la actividad extraescolar de los bolos. Cogí a un grupo de chavales y me acerqué a la bolera. Fue mi primer contacto con la cuatreada. Allí nos dieron las primeras enseñanzas y nos enrollaron de tal manera que acudíamos casi a diario. Ahora, si no voy todos los días me falta algo.

-¿Qué actividades hacen en la bolera?

-La primera regla es la convivencia, el disfrute del tiempo libre. Unos comentan las partidas, las noticias, los achaques, los espacios culturales y recreativos de Asturias con el sonido de fondo de los bolos.

Pero la actividad base es el juego de los bolos, que se practica todos los días del año.

-¿Cómo acercan los bolos a los aficionados?

-Una de las formas de más éxito es el trofeo 15 metros. Es un torneo que se acorta la distancia de lanzamiento de 20 a 15 metros. Pueden participar todos y comprobar la dificultad de poner cada bola en su sitio para derribar los bolos. No hay límite de edad. De hecho todos los años juega Germán, que actualmente tiene 84 años.

-¿Qué es lo más gratificante de su trabajo en la bolera?

-Tenerla abierta todos los días. Es un trabajo que hacemos de forma desinteresada entre muchos aficionados. Echamos muchas horas, pero tiene la compensación y la satisfacción de encontrar buenas relaciones, compañerismo y convivencia. Cuando los resultados deportivos acompañan, la euforia es total.

martes, 26 de febrero de 2008

Basures en Senda Verde de La Camocha


Acabante d'aportar al mió llar el folletu de propaganda del Ayuntamientu Xixón

col títulu de 'Natural de Gijón', nun pueo sinón entrugame pol vertedera illegal asitiáu na sienda verde. Esta sienda percuerre una antigua vía de ferrocarril, agora asfaltada ente La Camocha y Tremañes, que tien previsto continuase fasta la costa. Pues bien, a un llau d'esta sienda bien transitada por caminantes y ciclistes tolos díes, y qu'arrodiadad'árboles supon un pulmón de relax pal ciüdadanu, hai un inmensu vertedero illegal de restos d'obres industriales. Tá al llau del campu fútbol onde xuega La Braña y allégase fasta la ponte l'autopista. Ye un basurera enorme, enllenu de restos d'elletrodomésticos, cachos de vehículos y sobremanera de materiales d'obra, vidros, cementu, lladriellos, tierra, plásticos y un montonáu más de desfechos industriales, que tiren ehí ensin control dalu.

Tremañes ye territoriu Urban, pero esi vertedero de xuru que n'Europa nun lo conocen porque sinón retiraríen esi sofitu tan importante pa meyorar les periferies degradaes de les ciudades de la Xunión Europea. El citáu folletu 'Natural de Gijón' presume d'actuaciones periurbanes y d'integrar lo verde na fastera urbana y específicamente nos senderos qu'arrodien la piudá.

De lo que nun falen ye del so deficiente mantenimiento, del qu'esti macrobasureru ye un bon exemplu. Da la impresión de que se faen coses, pero que nun se faen seguimientos d'elles, coló que acaben perdiendo'l so valir col tiempo y los malos usos.

Espero qu'esta zuna tenga igua y qu'esanicien esi vertedera pa que los usuarios de la sienda verde podamos esfrutar braeramente d'ella.

sábado, 23 de febrero de 2008

TREMAÑES Y SUS AUTOBUSES


Tremañes acusa a EMTUSA de usar «autobuses de tercera» en sus líneas.

Los usuarios de la 14 y la 25 han tenido que hacer transbordos en varias ocasiones debido a las averías de los viejos vehículos
23.02.08 -
LoLs vecinos de Tremañes están cansados de que «los peores autobuses» vayan para las líneas que hacen servicio en su parroquia. Se refieren a las líneas 14 (Humedal-Tremañes-Sotiello) y 25 (Tremañes-Infanzón). Recientemente, los usuarios se vieron obligados a hacer transbordo en la zona de El Plano debido una avería. Según informaron a la Asociación de Vecinos Evaristo Valle, el incidente se ha repetido más veces. Pero este problema viene de lejos. «Llevamos años así, esto no es de ahora», explica el presidente de la asociación, Enrique Cerra. «Aquí siempre llegan los autocares de segunda o de tercera mano», añade.

En Tremañes no salen de su indignación. Saben que el pasado mes de enero EMTUSA reforzó su flota con seis autobuses articulados, de gran dimensión. Sin embargo, esas nuevas adquisiciones fueron a parar a la línea 1, que hace el recorrido El Cerillero-Hospital de Cabueñes.

Los vecinos aclaran les parece muy bien que se utilicen los nuevos vehículos en esa línea. Comprenden perfectamente que al ser los de mayor capacidad -137 plazas frente a las 57 del resto de la flota- se utilicen en el recorrido que concentra mayor demanda de viajeros. Sin embargo, se quejan de que «lo peor» de EMTUSA vaya para su barrio. Porque una avería puede suceder en cualquier momento a cualquier vehículo, pero lo que ocurre en Tremañes se repite desde hace mucho tiempo.

En su opinión, la empresa municipal debería tener en cuenta que las líneas 14 y 25 son de las más largas de Gijón. Además, en su recorrido los autocares deben enfrentarse a importantes pendientes como las de La Providencia y el cementerio de Deva. A la dirección de EMTUSA no debería extrañarle sus peticiones, ya que sólo piden disponer de vehículos con garantía de hacer en condiciones su recorrido.


Lo cierto es que esto no es nuevo en Tremañes, ya en los tiempos de Mena, un conductor que recorría el trayecto Gijón-La Braña- Lloreda, la línea de Tremañes , era casi como las diligencias , con un par de ella al día bastaba, tanto es así que jugábamos tirados en la carretera y cuando venía el autobús renqueante pues nos apartábamos, y se puede decir que teníamos parámetros de referencia pues el marido de Eloisa la practicanta, era chófer de bus de la Universidad Laboral, y traía a casa a veces aquellos hermosos autobuses que lucía la Uni, y los podíamos comparar uno y otro.

Supongo que como Tremañes era la aldea, pues con cualquier cacharro valía para el servicio, perimero eramos pocos, luego porque la emigración portuguesa pues lo enfangaba de olores, pues eso las unidades más desastrosas, o recorridos de ambulante por medio Gijón y con horarios que ni os cuento. De hecho era más factible ir hasta La Calzada andando y coger allí cualquiera de la innumerables líneas que esperar y esperar horas y horas a que el autobús llegase bien desde Uninsa, como hacía antes o bien desde Gijón, desde el quinto coño...

Lo cierto es que han pasado los años y esas protestas vecinos me resultan tan familiares

sábado, 16 de febrero de 2008

Dias de Radio y TV


Dias de Radio y TV

La cierto es que la televisión nos cambió la vida y con ella hasta podríamos decir que llegó el sufrimiento, mientras no la hubo nuestra vida de infantes titilaba entre los juegos y escuchar la radio.

La radio fue nuestra guía fue la radio con aquellas novelas radiadas por Guillermo Gutierrez Asecas o los capítulos que emitía la Cadena Ser el popular y entrañable programa "Matilde, Perico y Periquin", sainetes interpretados por Pedro Pablo Ayuso , Matilde Conesa y Matilde Vilariño cuyas voces daban vida al travieso a las travesuras de "Periquín".

Y entre esas historias también contábamos con las voces de Juana Ginzo y Guillermo Sautier Casaseca que daban vida a novelas que iban poblando nuestra vida de ilusionados infantes todo ello acompañado por la música del momento Joselito, Marisol, Antonio Molina, también cantamos el “Porompompero” con Manolo Escobar, o nos embelesamos con “Esos ojitos negros” del Dúo Dinámico y veíamos a Karina “buscando en el baúl de los recuerdos”.

Los sesenta son la década de la música y de las series de televisión; de los festivales de San Remo, Benidorm y Eurovisión. De los cantantes italianos, de los franceses y de los anglosajones, aunque lo que `predominaba era las cupletistas y las tonadilleras, y todo ello lo íbamos escuchando con una voz en off , mientras andábamos tirado por la cocina jugando con los fuertes de indios y vaqueros, o lo que quedaba de ellos.

En aquella España del momento empezaban a triunfar los Pekenikes, los Brincos, los, los Bravos, los Cinco latinos, Rosa Morena, , Juan y Junior, Fórmula V, Los Sirex, José Guardiola, Luis Gardey, Raphael y Manzanero , pero aún nos faltaban algunas hornadas para conscientes y disfrutadores de todo ello.

Pero ese mundo fue desplazado por la televisión, yo había visto alguna en Gijón , en la Peña de Caza La Armonía, pero poco, pero cuando llegó la tele al barrio aquello fue el despelote, por un lado la presión por estar en los bares para ver nuestras series, y de cuyos locales pues éramos echados a cajas destempladas, y no era para menos porque podíamos estar horas y horas allí metidos.

En casa no hubo tele hasta que la situación se hizo insoportable, pues todas las noches había la de dios en cristo para que nos dejaran ver la televisión en casa de los vecinos, sobre manera los fines de semana.

Verla en casa de algunos era imposible, en casa de Eloisa la practicanta, aunque éramos íntimos amigos de sus hijos Angel y Eduardo, su abuelo Octavio no le gustaba mucho que hubiera gente por la casa, con lo cual la frecuentábamos más bien poco; con lo cual a los únicos que conocíamos que tuvieran tele en casa, eran nuestros vecino de enfrente Carola y el Parrichu.
Por la tarde del domingo veíamos si nos dejaban en el Bar la Bolera: Viaje al Fondo del Mar, o Bonanza.

Por las noches corríamos a casa de Carola con nuestros pequeños bancos, y allí en primera fila a los pies de nuestros invadidos anfitriones nos pasaban las horas viendo aquellos programa de miedo como: Es usted el Asesino, de los Narcisos Serrador (padre e hijo) o los programas de acción Los Intocables, o El Santo, o el interminable Fugitivo, o Los Vengadores, o concursos de la época.

Hoy todavía me pregunto cómo era posible que Carola y el Parrichu, pudieran aguantar tanta chiquillada en su casa pues éramos además de ellos dos, y de su nieta, éramos mis hermanos Marigel, y Jose Javier, y el que suscribe, los Taboada José Manuel y Maria José que era toda preciosidad de la cual andábamos todos prendados, y al grupo se unía Miguel Angel, el de Vidal y Vida. Toda una troupe que se quedaba hasta que salía el himno nacional y se acaban las emisiones.

Luego hubo TV en casa y fue, la leche, porque irse a la cama era todo un lío, y estar en la cama y oir la como los padres veían la TV era toda una tortura, amen de que los castigos empezaban a ser más psíquicos que físicos, el zapatillazo fue suplido por aquello de hoy no ves la tele.
Qué tiempos aquellos.
Para ayudar a Recordar

domingo, 10 de febrero de 2008

Bares de mi parroquia


Los bares de mi parroquia,

Hace ya unos meses escribí en una Revista de “culto” un artículo sobre los bares de pelo y pluma, refiriéndome a aquellos bares de cazadores de becadas y conejos. Hoy un fiel lector me trae el recuerdo de los bares de mi parroquia.

No es que yo sea mucho de bares, o que en mi infancia o adolescencia anduviera dándole al pinple, o tuviera un padre borracho al que buscar, nada de eso.

Pero los bares de la parroquia, para nosotros los chavales de “La Fuente” eran todo un campo de investigación sociológica , no por nada, sino porque en ellos estaba nuestra droga que en aquellos tiempos era la televisión, y como en casa no había, pues eso buscábamos los fines de semana introducirnos en los bares para ver la tele y como mi padre era raro que l os frecuentara pues siempre andaba de obras por casa, pues las excusas para penetrar en aquellos santos sanctórum para ir a buscar al padre y quedarse a ver la tele pues como que no colaba.

No sé en otras parroquias, pero en la mía conocí unos cuantos bares en los cuales los hombres pimplaban de cojones, aunque en ellos también es cierto se hacia lo que hoy los modernos llaman la sociabilidad. Estamos hablando de mediados de los 60, con una importante presencia de emigración que se radicaba fundamentalmente en La Dehesa, y también del nacimiento de los poligonos, o sea que gente para consumir o para necesitar los servicios de comida no faltaba.

Lloreda , era la parte alta de la parroquia, y estaba como fuera de nuestro alcance, y además parecía tener poco atractivo para nosotros, pues era como sino existiera, dense cuenta que nos íbamos andando de Tremañes a La Camocha, para ver a unos amigos o corrernos alguna perrrería por las minas del Picu San Martín o Pico el Sol, y sin embargo recuerdo poco el barrio de Lloreda o a sus integrantes.

La frontera la teníamos establecida en La Jamaica, el barrio intermedio entre los Campones y Lloreda, en ese punto había un bar feo, denominado El Jamaica y llevado por "el Jamaicu", no sé quien daba nombre a quien, pero el paisano que lo regentaba “el Jamaicu” que no era manco de un brazo, como yo creía y como me expone su nieto, y tal vez le confundía con otro vecino asiduo del bar que sí lo era; parece ser que tampoco el Jamaicu gastaba un humor de perros, sino que tal y como me expone su nieto "era rudo y testarudo" o eso nos parecía a nosotros, por lo cual hacía que nos mantuviésemos lejos de su alcance, aunque le recuerdo enjaezando todo el carro y el caballo para ir a sus menesteres con un brazo, lo cual ya idea de como era. En este bar del Jamaicu, creo que solo entré una vez con mi padre.
Bajando por la carretera estaba en Los Campones: Casa Blasco, que de guaje debí entrar otro par de veces por algo para mi pariente El Chelu; luego un poco más abajo otro bar-tienda que estaba situado a la altura de la farmacia, era una especie tienda, que un amable lector del blog me reprende por los olvidos y que se denominaba, el de Francisco el de Pachinina, que servía vino y que estaba al lado de casa de Pipo Margaride, allí se tomaban los vinos entre sacos de legumbres, pero del cual tengo muy pocos recuerdos, había otro bar tienda el de Teresa que estaba frente a lo que en su día fue la pescadería de Santisteban, este si era muy frecuentado pues antaño a su puerta estaba la parada del autobús.

Luego en la Dehesa recuerdo fundamentalmente dos: Casa Montero, y Casa Máximo, de los cuales tengo poca referencia, recuerdo a Máximo, menudo de cabeza redonda y calva, que alguien decía que era “facha” y que había estado en la Legión…. Nada de todo supe ni comprobé, pues en esa zona aunque la recorríamos de pe a pa, no tenían tele y la tenían algo debía haber que no nos era simpático para no parar.
En el otro extremo en el barrio de La Iglesia, había uno que todavía existe junto a la Iglesia, ( Bar Belmonte) esquina calle de la Iglesia y el Caravacu, luego había otro por el camino de la Iglesia el que va hacia la parte de abajo de la Picota en cuyo prau se hizo algunos años la fiesta de San Juan
.
De esta zona el más característico era Casa Piquerón, que recuerdo grande y amplio, y que me trae por su ubicación recuerdos aún más viejos del antiguo Bar-baile del Cantera, del que siempre habla mi tío Arturo, allá por los Buenos Aires querido .

A la entrada de la parroquia según se venía de la Braña estaba el Bar Reculta, peña bolística ya en El Plano, que pasó por todas las épocas, entre florecientes y decadentes de los bolos, hasta su marcha para la Calzada.

Y en el centro de la parroquia, entre el Plano y La Fuente, había dos bares que reunían ante sí, dos categorías sociológicas distintas, y que entraron en franca decadencia hasta desaparecer, por un lado estaba el bar de Dorina, "La Bolera", con una modesta bolera al frente, y donde vi por primera vez jugar a los bolos, Este bar estaba situado al pie de la carretera general, más o menos frente a la desembocadura de la calle Melón.

En La Bolera, nos permitían entrar los sábados en aquel oscuro rincón del fondo ver las serie de Bonanza y los dibujos animados, a veces ateridos de frio pues no queríamos ir para casa en el atardecer y de pantalones cortos pues ya me contaran, y temiendo que al menor murmullo a fuéramos desalojados pues aguantábamos lo que nos echaran, menos mal que la dos hijas, que para nosotros eran como dos musas, intercedían por nosotros para que nos dejaran entrar a una nutrida plebe aquel oscuro rincón, con algún paquetín de pipas que de vez en cuando alguien nos invitaba.

Un poco más abajo en dirección a la finca de Valle, que hoy contiene diversos equipamientos municipales, había otro bar, Casa Vidal que era de los abuelos de mi amigo Milu, y el cual funcionaba un poco de aquella manera, dependiendo de como viniera Lola la pescantina , o su marido, por lo tanto todo dependía de quien estuviera detrás de la barra, aunque la más tierna con nosotros siempre fue la madre de Milu: Manolita, un primor de mujer.

Lo recuerdo como un un bar largo de gran altura, y con una alta y larga barra que nacía al pie de la puerta e iba hasta el fondo del local, dejando un hueco para entrar y salir el personal del bar. Eso sí tenía la televisión colgada en casa de demonio, y aunque pasábamos horas jugando con sus nietos Milu (Emilio) su hermano y su primo, no eran muy proclives a dar cobijo a la muchachada y parábamos más bien poco.

Eran bares que fueron tomando diversos rumbos, unos vieron consolidados sus clientelas en base a los polígonos industriales, que además coadyuvarían a implantar otros establecimientos como el Bar Bazan, con el aquel alemán: Otto, capaz de trasegarse 40 cubatas en un día, o el Bar Obaya, bares más tardíos y con una configuración de paisaje y paisanaje distinta.

Esos eran los bares que recuerdo, amén de otro , muy pequeño en el Plano: Casa Zulima, o el de la Braña, pero ya se pierden en el el pozo del olvido.

sábado, 2 de febrero de 2008

Tremañes, en racha


Un nuevo Plan Urbano para Tremañes incluirá un colegio para bebés El programa de 16 millones de inversiones, en exclusiva para el barrio, aportará nuevos transportes

R. VALLE

El Ayuntamiento de Gijón ha convertido el barrio de Tremañes en protagonista único de su nueva propuesta para hacerse con fondos europeos del programa Urban, el mismo programa que ha permitido desarrollar en los últimos años inversionPublicar entradaes por valor de 14 millones de euros en los barrios de la zona oeste gijonesa, Tremañes entre ellos.

El edil socialista Santiago Martínez, responsable de Hacienda y Coordinación Administrativa, anunciaba ayer que Gijón ha presentado su candidatura a la nueva convocatoria del Urban, que se prolongará hasta el año 2013. En esta ocasión la propuesta de Gijón se centra exclusivamente en Tremañes y supone una inversión global de 16 millones, de los que 11 procederían de las arcas europeas y el resto del presupuesto municipal. La intención es profundizar en actuaciones de desarrollo industrial y social más que en el desarrollo de nuevas infraestructuras.

Gijón competirá con Oviedo y Avilés, como ciudades con más de 50.000 habitantes, por el proyecto al que tiene derecho Asturias, y lo hará con el inconveniente de haber sido ya beneficiaria de un plan Urban. «Eso dificulta nuestras posibilidades de éxito, pero consideramos interesante participar en esta convocatoria», explicó Santiago Martínez, quien adelantó que entre las propuestas planteadas por el Ayuntamiento están el fomento de las nuevas tecnologías en las empresas del barrio, el desarrollo de actuaciones en el ámbito de la eficiencia energética con proyectos de aprovechamiento solar, un plan de transportes que vincule las empresas de la zona, el desarrollo de itinerarios formativos para personas en riesgo de exclusión social y una escuela de 0 a 3 años.

Este centro había sido solicitado ya desde el ámbito educativo y vecinal del barrio y permitiría ampliar la red municipal de centros para bebés.

Martínez comprometió el desarrollo de todas estas iniciativas, aunque dejó claro que la posibilidad de conseguir fondos europeos serviría para acelerarlas en el tiempo. El plan Urban es una línea de financiación europea pensada especialmente para áreas castigadas por procesos de desindustrialización. Tremañes ya participaba, en el ámbito geográfico más cercano a La Calzada, en el plan en vigor, que ha supuesto, entre otras obras, un parque en el área de Los Campones y el proyecto de un túnel de comunicación con La Calzada a la altura de la estación de tren de la calle de Las Industrias.

Ahora el nuevo ámbito de actuación se centraría en el territorio de Tremañes, donde antiguos terrenos industriales están dando paso a nuevos espacios residenciales y a polígonos de reciente creación.

domingo, 27 de enero de 2008

Sexo. juegos e ilusiones

EL DESCUBRIMIENTO DEL SEXO

Como nos recuerda el padre de los dioses, metamorfoseado en lujurioso cisne, el sexo domina nuestra vida, y entre la chavalería de aquellos tiempos más extrovertida en esos temas que la de hoy, al menos en clave interna del grupo, aunque es muy posible que me equivoque, esto del sexo era un juego en que nos íbamos metiendo poco a poco en base a complejas y complicadas evoluciones.

Por un lado no teníamos la suerte, porque además éramos pequeños aún para ello, de que alguno de los familiares más próximos, padres o tíos, nos llevasen de putas para iniciarnos en el arte del sexo. El descubrimiento de Cimadevilla como Barrio Chino fue más que tardío.

Por lo cual nuestros propios descubrimientos venían de fisgar alguna que otra que otra hembra, bien de la casa cuando se bañaban en aquellas piletas o baldes en medio de la cocina, por aquello de que era el lugar más caliente de la casa y porque no había aún bañeras, aunque sí retretes, o porque solo había que mirar nuestro entorno.

Por tanto nuestro objetivo como púber animales que éramos, era buscar zonas de observación ajenas a nuestro entorno familiar, por un lado porque este último nos atraía menos, y además de difícil, podían traer consecuencias nefastas para nuestros ya magullados cuerpos, pues entre los tirones de orejas de los profesores, que nos las tenían medio arrancadas, había que sumar zapatillazos, y alguna que otra panadera paternal, y nos pescaban en esas lides, puede uno imaginarse.

Por tanto nuestro campo visual y del conocimiento del sexo, en aquellos mediados años 60, eran por un lado algunas fotos en libros que a veces colocaban algún dibujo de negras enseñando teta, pero todo muy recatado, algunas reales hembras meando en el camino o al lado de la fiesta parroquial, o en la zona de playa, o alguna gitana o portuguesa dando de mamar a algún churumbel, eso si luego estaba el mundo zoo-jodienda que se mostraba sin recato alguno, libre albedrío y a la vista de todos, animales que pululaban por la aldea en plena faena sexual: perros , gatos, vacas y toros, caballos, y cerdos, ese era parte d nuestro universo. Y no dejaba de ser paradójico pues si podíamos les jodíamos a los pobres animalicos la follenda con pedradas, u otras acciones para bajarles la calentura.

Pues eso cuando la adolescencia entraba en nuestra vida, descubríamos el ardor….

Fruto de nuestras insidias en este campo de ver que había debajo de los faldamentos y encima de los tobillos, era Conchina la del Nietu, con la cual pugnábamos por verle las piernas, y por ver sí utilizaba bragas y de qué tamaño; dicho sea de paso solo había un tipo, a juzgar por lo visto en los tendales.

Pero los intentos con Conchina siempre nos traía algún que otro palo a base de la larga “guiada de les vaques” y además con tanto refajo y pololos no había carajo quien le viera más allá de los tobillos. Por lo cual debíamos extender nuestras pesquisas más allá.. pero era difícil lograr nada, ni las horas, ni los emplazamientos eran idóneos, y cuando habíamos descubierto a alguien en esas labores, se corría tan rápido la voz que el afectado o afectados enseguida se daban cuenta y se acababa la función, aunque yo nunca tuve vocación de voyeur, tal vez por timidez.

Seguir a la parejas era difícil, pues en la zona de acción en el barrio había pocos “picaderos” en prados o laterales de caminos, como mucho, un día descubrimos a una pareja que se lo hacía en un prado de la finca de Melón con cierta frecuencia, pero lo más que vimos en las tres o cuatro ocasiones que acechamos a la pareja era el culo lleno de pelos del buen señor con los pantalones a medio bajar, salvo una vez que nos pilló en plena faena de fisgones, y se levantó el buen mozo,en pos de unos voyeurs que teníamos de compañeros en otro apostamiento, y pudimos ver el resto de los “mirones” el buen felpudo de la señora que sin ¡bragas que perturbase nuestra atenta mirada, lo vimos en pleno orgasmo pues se vio abandonada por su amante en medio de un ensoñado momento de placer, y no se dio cuenta de la situación, así nos mostró al menos a mi y al compañero de andanzas del cual omito el nombre, aquella buena hembra casada su maravillosa pelambre y unas más que generosas tetas tras quedar allí como pasmarotes, durante fue nuestra más sensual referencia.

Eso sí nos ganamos su enemistad porque con aquello perdía a su vigoroso amante, y entablaba con nosotros dos, una extraña relación de aversión y atracción, siempre pensábamos como chantajearla y hacernos con sus favores. Ilusos adolescentes, pues alguna vez nos dejamos caer por su casa para ver si se amimaba a hacernos algo, que si yo, hacernos su amantes, enseñarnos su poblado felpudo, o dejarse acariciar, pero lo más que conseguimos fue una merienda unos afectuosos abrazos y besos a la vez que nos mostraba los generoso de su escote.

Y todo era muy curioso, porque aparte de todo no había revistas,

y si las había no había manera de verlas, fotos pornográficas, yo creo que las primeras que ví fue con 14 años, en la fábrica de vidrio de Laviada, donde aquel asistente que teníamos en el horno, nos dejaba verlas mientras medio nos palpaba la bragueta. Me hace gracia ver al personaje por Gijón, con esas grandes zapatillonas y los labios pintados con “mercuriocromina", que a veces le mancha toda la cara.

Y pese que no había apenas televisión, ni fotos, ni revistas, ni acceso universal al mundo del sexo como ahora, por medio de Internet, si que era algo que sustanciaba nuestras vidas.

No es que fuera un argumento vital, pero planeaba entre el grupeto, que lo más que llegábamos era a mirarnos mutuamente “la pija” o la pirula”, darnos algún restregón que otro, pues eran tiempos en que descubríamos la técnica del pajoteo, que era más una actividad individual y personal que colectiva, aunque en la riberas de Mortero hubo alguna que otra “pajeada colectiva”, pero eran escasas y no pasaban de ahí la cosa, y comparación de tamaños y formas , tras enseñarnos los más mayores ya con casi 20 años, sus manubrios.

Por tanto nuestros enardecimientos tenían su alivio n en las primorosas noches primaverales a base de participar en los juegos colectivos del “corro de la patata” o al Quemau, o al escondite, pero teníamos otro hándicap importante para liberarlos y era la falta de chicas, pasando lista de las compañeras, si que las había, compruebo que eran pocas y la competencia muy dura, y además éramos mundos distintos.

Por lo cual todo quedaba en eso, en estar cerca, o sea pegaditos en un escondite, o en jugar al juego de ser o no novios, sin saber qué hacer ni cómo hacerlo, pero eso sí, incitados hasta el paroxismo por los cuentos y fantasías de Carlos, éste era uno que vivía encima de Casa Ramonita, que era mucho mayor que nosotros y que junto a su primo de Santa Bárbara, nos referenciaban todo un mundo erótico y deleites algo así como la vírgenes de Mahoma, yo creo más bien fruto de su imaginación que de la praxis.

Eso sí nos dejó de piedra, cuando una noche de juegos del escondite, nos dio a oler sus dedos de tocamientos chochiles con una de nuestras contertulias, quedamos impresionados, pues sí, que aquello olía a lo que después fuimos descubriendo cada uno de nosotros sobre el enardecimiento carnal e íntimo, y hubo noches de juegos en los que aprovechaban los mayorones (hombre y mujer) para que hubiese más que de un tocamiento de bragas o calzoncillos, en medio de nuestra bendita ignorancia y adolescentes juegos, que no pasaban de aquella retahíla de besos ganados en el juego de las prendas.

Éramos fruto tardío en poder desenvolvernos en estas lides del sexo , tan solo recuerdo con cariño un revolcón en una de esas noches del escondite, en un comedero de vacas, entre hocicos de vacuno y paja, con una vecina mayor que yo que aprovechó el momento , y en segundos en medio de la oscuridad me lo medio enseño casi todo, medio lo palpé, y supe de la suavidades del sexo , en auténticos pocos segundos, en aquellos momentos supe lo que me había pasado, pues creí que me había meado. ¡Bendita ignorancia¡

El verdadero sexo llegó años más tarde y en otros escenarios ya arribada la mitad de la década de los 70.