martes, 17 de enero de 2012

De Aprendiz en la Fabrica Laviada.



En Gijón había dos emporios vidrieros, una era la Bohemia, situada en lo que ahora es el Hotel Ciudad de Gijón, inmediaciones de la nueva estación FEVE/REMFE de San Crespo , y que daba o lindaba con la autopista en su entrada en Gijón, y  en la cual trabajaban muchos de mis conocidos y amigos como Taboada, Fleitas t alguno más..

Pese a intentar entrar en la Bohemia no me fue posible, aunque parecía que en esta empresa la mobilidad era muy alta… por tanto por casualidades de la vida, pues entré en otra fabrica con unos 16 años  en Laviada en sus sección de vidrio. Esta era un fabrica que ocupaba sus buenas manzanas, pues n o en vano iba de  la calle Magnus Blikstad a la Avenida de Portugal y desde la calle  Infiesto   a lo que ahora es la calle Carlos Marx.

Era una fabrica de vidrio corriente soplado a boca, fabricación de baterías esmaltadas y productor refractarios, cuyo emporio con muchas deudas y déficits cerró su puertas en la década de los años 80. Fue fundada en 1857, y obtuvo unas diez medallas de oro en Exposiciones nacionales e internacionales, aunque su primer nombre será La Begoñesa que fue fundada por el holandés Julio Kessler, que había venido con aquellos primeros técnicos vidrieros que conformaron la industrial locera y vidriera asturiana y también parte de las logias masónicas de 1850, al morir Kessler que estaba asociado con  Juan Díaz-Laviada la empresa pasa a denominarse Laviada y Compañía, luego en 1950 se fusionó con la factoría de vidrios la Industria, dando lugar al nombre de Industria y Laviada que cerrará después de haber tenido unos 650 obreros en 1929  cerrando en 1982-3 con unas pérdidas de 367 millones.

En esa empresa entré a trabajar con unos 16 años en la categoría de “corredor de vidrio” en la sección de vidrio soplado, o sea donde se fabricaban copas y demás…


La fabrica era todo un enjambre de aprendices que con sus largos “tenedores” llevábamos desde el Maestro vidriero hasta el horno del temple las copas y algunas figuras de encargo. Todos nos amontonábamos alrededor del horno que se preparaba  durante la moche, a la mañana, entrabamos a las 6 de la mañana se establecía el cuadro de actores, como dice la foto unos encargados de sacar el vidrio, otros de soplar dentro del molde el vidrio, y finalmente el Maestro en su banco de ir colocando a la copa su talle y pie, o a las jarras sus asas.

Era increíble después de venir de otro trabajo más individualizado, estar aquí en medio de tanta gente, tan variopinta , en general me llamaba la tención un par de cosas, por un lado los grandes mofletes del personal, dado a esto del soplar, pues a través de largas cañas de hierro hueco terminadas en una especie de bola en forma de pera, con ellas se cogía el vidrio candente que luego era soplado, y ello hacía que esto sopladores tuvieran como los sapos unos grandes bolsas por mofletes, cuando hice ver la comparación, ello ya me trajo la primera discordia con un un grupo, pues pronto fui cambiado a otro grupo de trabajo, pues mi ligazón simbólica a mi primer maestre vidriero  no le gustó nada.

La otra observación era la gran cantidad de vino que se bebía entre el componente obrero… y que por alguna razón también combatían por un tema de pulmones bebiendo gran cantidad de leche, la mezcla de todo ello unos bebiendo vino y otros trasegando leche, era algo que me dejaba perplejo

Cuando  pasé al segundo grupo, en general  dedicado a temas más bien a construcciones artesanales y encargos, puedo decir que el laboreo era más relajado, y eso permitía que el personal fuera  más parlanchín, entre las conversaciones estaban aquellas especies de leyendas  de que cada año se hacía una colada de vidrio con un kilo de oro en polvo para armar la vajilla anual para la Casa de Don Francisco Franco y las “Collares”. No sé sí era cierto, pero puedo jurar que  había  un cierto tráfico por hacerse con alguna de aquellas copas tan preciadas como perseguidas. Yo creo que le hice llegar una a mi madre.

La organización laboral de este tipo de horno, en el cual los aprendices o corredores, parábamos más bien poco, menos los que estábamos en el gremio artesanal, que contemplábamos las destrezas de nuestro maestro, sorprendidos de como se podía cortar el vidrio,  o doblar o sostener de forma horizontal en el banco con solo hacer rodar la caña.

Alguna vez que los levantadores nos dejaban sacar el vidrio, o el Maestro nos dejaba rodar la caña veíamos como aquello se nos iba al traste. Era un trabajo cansado todo el día de arriba a abajo llevando copas al temple, en medio de un calor que en invierno nos venía bien, pero que en verano era una pesadilla con aquel inmenso calor…

La comida que llevábamos de casa en una fiambrera era calentada por quien yo creo recordar  que se llamaba Marcelino,  todavía n o hace mucho andaba atravesado por Gijón, con su mono azul de trabajo, su boina, los labios pintados de rojo, yo creo que con mercromina, ahora me entero de que le llamaban el “Mercrominu”, la verdad es que yo le ví jubilado de la Industria y Laviada , y poco a le fui viendo cada vez más entafarrado hasta presentar este aspecto, supongo que a estas alturas ya habrá muerto.


Era un trabajador de Industria y Laviada, retirado de los tajos al que se le encomendaba las tareas de barrer los vestuarios, atender las comidas y labores sin peligro para él, era cierto que en aquellos años no presentaba ese aspecto tan delgado, era más bien ancho y de carnes flojas, y con  abundante pistolón que nos enseñaba a cada rato…, a la que podía nos magreaba las cacha, y sus ocasiones  de oro eran cuando nos enseñaba las fotos pornográficas que tenía, lo cierto es que no sé de donde las sacaba , pero eran increíbles, o al memos a mi me lo parecían.

Por un ratu de contemplación pues ya sabías te dejabas sobar, porque aquello era toda una primicia, decían que si se las traían de fuera en barco, o que andaba todo el día de putas y maricones.. El caso es que nunca fue peligroso ni ofensivo más allá de sus tejemanejes.
con el pasamos algunos buenos ratos haciéndole de rabiar, pues allí s ele tenía por ”marica” , o sea un homosexual, del cual nada tengo que decir, salvo de sus magreos, en la duchas que eran el hazmerreír de todos, por lo inocente de sus juegos y tejemanejes… Siempre me ha dado pena verle en estas circunstancias, y más cuando se decía que tenía perres a montones… 

Así era nuestra perra vida de aprendices de vidriero, sin saber más allá de los procesos de fabricación que ver levantar el vidrio, ver como se soplaba y se hacían mil maravillas, no conocíamos nada del otro lado, del taller de talla y grabación, etc, y menos aún de las otras secciones de la empresa.

La labores más pesadas tal vez era el tema de limpiar y espolvorear los moldes, y lijar y lijar las cañas de hierro, que para los Maestros nunca estaban suficientemente brillantes.. o sea que lija sobre lija. Que sería de todo aquel material: moldes, colecciones de cañas, de cristalerías…

Al  final una huelga acabo con muchos de nosotros en la calle, tampoco había nominas, nada más que un sobre un poco más abultado que en Deli, pero eso sí a las tres de la tarde en casa.

Chusi el Moliñeru, fiu de Lola y el Chan

2 comentarios:

Rafael Truan Blanco dijo...

Luis Truan Lugeon y Magdalena Luard Alvarez, regresaron a Suiza de donde eran naturales tras la suspensión de la actividad de la fábrica de vidrio coruñesa que Luis Truan dirigía hasta entonces. Dos años después, volverían a Galicia y posteriormente se instalarían en Gijón tras aceptar la oferta de participar en la fundación en 1844 de una fábrica de vidrio a la que llamarían “La Industria”.

La producción de dicha fábrica fue una de las más grandes del territorio español, tanto en cantidad como en variedad de productos ofreció en aquel momento. La calidad de sus vidrios es aún reconocida ya que, incluso, algunos de los botes de cristal fabricados por “La Industria”, de gran calidad por su bajo contenido en plomo, siguen siendo utilizados en centros como el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid donde albergan una de las más importantes colecciones de malacología –estudio de los moluscos– de España.

Al margen de lo que supondría la influencia en el terreno social de “La Industria” en el Gijón de mediados del siglo XIX, Alfredo Truan también desarrollo una extensa labor como investigador al experimentar con nuevas técnicas de reproducción de imágenes. El empresario se convirtió, así, en uno de los pioneros de la fotografía en Asturias.

A su labor como industrial vidriero hay que añadir esa sorprendente faceta que le une a las Ciencias Naturales y en concreto a la hidrobiología. .

Victor Guerra Garcia dijo...

Estimado Rafael Truan Gracias por la aportación